¿En dónde quedaron los nombres de Honduras?

La afición hondureña que llegó al Estadio Azteca la noche de este miércoles guardó en algunos números y apellidos la esperanza de un país que sufre problemas políticos y que se resguarda de ellos...
 La afición hondureña que llegó al Estadio Azteca la noche de este miércoles guardó en algunos números y apellidos la esperanza de un país que sufre problemas políticos y que se resguarda de ellos en un Torneo de futbol.  (Foto: Agustín Cuevas)
Estadio Azteca -
  • Se habló mucho de la capacidad de los catrachos

La afición hondureña que llegó al Estadio Azteca la noche de este miércoles guardó en algunos números y apellidos la esperanza de un país que sufre problemas políticos y que se resguarda de ellos en un Torneo de futbol.

Durante la semana mucho se habló de la capacidad de los hombres del entrenador Reinaldo Rueda, quienes aseguraban ser los verdugos del conjunto mexicano y los escritores del segundo “aztecazo” en la historia del Tri.

Sin embargo, nada pasó en el terreno de juego. Carlos Pavón con su número nueve en la espalda, Ramón Núñez presumiendo el 11 y David Suazo con su imponente estatura y el 15 en el dorsal, estuvieron sumidos en la apatía por correr más allá de los tres cuartos de cancha, poco tocaron el balón para participar con el resto del equipo catracho.

¿Estrategia, intimidación? Sólo ellos saben qué fue lo que pasó durante los 90 minutos que duró el duelo ante los mexicanos, lo cierto es que Suazo nunca pudo superar a Ricardo Osorio ni a Jonny Magallón; Núñez se tropezó una y otra vez con la figura de Israel Castro y Pavón... bueno, sólo destacó por un par de faltas sobre los jugadores aztecas y al minuto 58 cuando remató con la cabeza un balón que terminó en las manos de Guillermo Ochoa.

Así, Rueda no tuvo más remedio que sacar del terreno de juego a los fantasmas de apellido Núñez y Suazo para integrar al ataque al temible Carlo Costly, quien ingresó con el 13 en la playera precisamente por el grandote de Suazo y con él, pasó exactamente lo mismo.

El hondureño apareció en la pantalla del Estadio Azteca al 76 cuando se anunció una tarjeta amarilla tras armarse una bronca entre mexicanos y visitantes, rencilla que surgió después de que Cuauhtémoc Blanco colocara el 1-0 en el marcador.

Así, se consumieron los minutos y las estrellas de color azul y blanco nunca aparecieron y al parecer ni Rueda comprende el por qué, pues el estratega sólo se conformó con fruncir el ceño cada que sus jugadores perdían el esférico.

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