'La bandera de Dios', dirán

"La bandera de Dios", podrán llamarle, esa que se quedó congeladita en su lugar a pesar de que la lógica, las reglas básicas y el sentido común, empujaban por levantarla. Parece que Maradona y la...
 "La bandera de Dios", podrán llamarle, esa que se quedó congeladita en su lugar a pesar de que la lógica, las reglas básicas y el sentido común, empujaban por levantarla. Parece que Maradona y la Albiceleste tendrán nuevo motivo...  (Foto: Agustín Cuevas)
Estadio Soccer City de Johannesburgo -
  • Un ridículo error arbitral y un osote infame de Osorio, mataron al Tri

"La bandera de Dios", podrán llamarle, ésa que se quedó congeladita en su lugar a pesar de que la lógica, las reglas básicas y el sentido común, empujaban por levantarla. Parece que Maradona y la Albiceleste tendrán nuevo motivo para recurrir a la poesía como tapadera de un error arbitral que no se cree y que les pone en bandeja un partido decisivo. El cuento es bello para otros; igual empecemos por “había una vez…”. Atacada por un viento helado, la enorme ensaladera del Soccer City lució llena hasta 10 minutos antes del encuentro en el que México se midió a Argentina dentro de los Octavos de Final de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010. Las butacas anaranjadas del coloso de Johannesburgo se fueron poblando poco a poco, salpicándose de manchitas verdes, azules y blancas progresiva, pero tenazmente. Así, el lleno esperado llegó una vez que la luna subió lo suficiente en la bóveda celeste como para tener un lugar privilegiado en este duelo. El frío calaba los huesos, recorría el cuerpo como queriendo llevarse todas las malas vibras y dejar el ambiente limpio para que el Tri enfrentara a la Albiceleste sin fantasmas, sin el peso de la historia, sin complejos… Le faltó al aire lavar al cuerpo arbitral, pues cuando México había dominado el inicio del juego, un error realmente increíble por parte del Asistente 2, Stefano Ayroldi, significó que Tevez metiera el balón en un flagrante fuera de juego, lógico, incluso que se deduce por la naturaleza de la jugada. A ellos que no tocan la pelota y portan silbato, banderas y tarjetas, sí les pesó la historia de la playera argentina. Y lo vieron en la pantalla como todo el estadio. Justo ahí se escuchó un “uuuuuuhhhh” de desaprobación de los aficionados que exhibió a los jueces sin remedio. Además, la transmisión FIFA pasó a Rossetti regañando a su asistente por cruzarlo de esa forma, lo sabían, sentenciaron a México y no hicieron nada para cambiar su decisión. Después del acto de Harry Potter del italiano Ayroldi, el Tri tuvo una rápida enfermedad y un lento morir. Gonzalo Higuaín aprovechó que México sintió el primer tanto como una patada en los genitales y que Osorio, sin más, decidió regalarle el segundo gol; llamémosle "el harakiri". En la tribuna, los mexicanos no eran mayoría como sucedió en los últimos dos partidos. Podemos decir que ni siquiera había paridad de fuerzas pues el azul y blanco era más que el verde bandera. Eso, las vuvuzelas, y la forma en que en menos de siete minutos Argentina sentenció el duelo, apagaron la alegría azteca como un cigarro que se pisa con desdén. En el segundo tiempo, como casi siempre sucede con Argentina, el gol regalado trae una obra de arte. Tevez la puso en el ángulo destrozando todas las teorías de que el Jabulani siempre se vuela. México peleó, se aventó encima del petulante rival que se dio por bien servido. El golazo del "Chicharito" sirvió para evitar el congelamiento, y los desbordes de Pablo Barrera para darnos cuenta que el mundo no se acaba con esta eliminación. Hoy, “la bandera de Dios” fue un ridículo arbitral, pero el Tri más allá de eso, tiene que reconocer errores, mantener caminos, trazar trayectorias y respetarnos cumpliéndolas. No hay quinto partido, hay una historia repetida. ¿Queremos cambiarla realmente?

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