Desbordan panameños ilusión y civismo

Pocas aficiones en Centroamérica asumen con tanta civilidad e ímpetu su papel como jugador número 12.
 La afición pidió buen comportamiento para seguir visitando el estadio.
Estadio Romel Fernández, Panamá -
  • La afición local hizo de “Chicharito” el principal blanco de sus abucheos

Pocas aficiones en Centroamérica asumen con tanta civilidad e ímpetu su papel como jugador número 12. Durante todo el partido de esta noche entre Panamá y México, y desde antes del primer minuto, la afición panameña se encargó de hacer su aporte. Cuando los dos equipos salieron al campo, las cuatro gradas conformaron mosaicos con los colores de la bandera. Respetuosos del Himno mexicano, sólo abuchearon al Tri al final del mismo, pero no con tanta intensidad y amor propio que al entonar el propio. Emocionados como si del partido dependiera el futuro del país, los canaleros gritaron el suyo, con una gran cantidad de mantas como complemento visual: "Mi límite... el cielo. Nuestro sueño... ir al Mundial!”, decía el cartel monumental debajo de la "Extrema Roja", la barra del equipo centroamericano. "Con el Amor y el Corazón, pa'lante Selección", "Quieres seguir viendo a tu Sele?? No lances objetos a la cancha". Todo eso se leía en las gradas, al tiempo de que lo que se escuchaba eran coros coordinados como con gran ritmo musical. "¡Y viene el gol, y viene el gol!" fueron los cánticos en jugadas a balón parado, además del "¡Chicharito, puto... Chicharito, puto!", cuando Javier Hernández se acercó a la banca local para recibir indicaciones del "Chepo" de la Torre. Pero no sólo fue el delantero quien escuchó los insultos, sobre todo al salir de cambio, porque el árbitro, el costarricense Walter Quesada debió irse con el "¡árbitro, la chucha de tu madre!" en los oídos luego de marcar un saque de banda a favor del Tri. Siempre metidos en el partido, miles de pie, sin perder un ápice de ilusión a pesar del 0-0, los fanáticos estallaron en gritos cuando ingresó Nelson Barahona, el jugador que en su camiseta número 10 cargaba con recargas de esperanza. Al final, sin importar el resultado, la gente ovacionó a sus once como si ya hubieran clasificado al Mundial. Lo que será cuando lo consigan...

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