Recuperó México 'localía' en EU

La Selección Mexicana regresó a su 'refugio' estadounidense, mientras el cuadro de las Barras y las Estrellas prefirió ser visitante en su propia casa.
La Selección Mexicana regresó a su 'refugio' estadounidense, mientras el cuadro de las Barras y las Estrellas prefirió ser visitante en su propia casa.
 La Selección Mexicana regresó a su 'refugio' estadounidense, mientras el cuadro de las Barras y las Estrellas prefirió ser visitante en su propia casa.  (Foto: Notimex)
Estadio de la Universidad de Phoenix -
  • El estadio registró una entrada de 59 mil 066 espectadores

La Selección Mexicana regresó a su "refugio" estadounidense, mientras el cuadro de las Barras y las Estrellas prefirió ser visitante en su propia casa. Lejos de Columbus, la fatídica ciudad donde el Tricolor sólo encuentra animadversión, esta vez Phoenix acogió con mucho más cariño al equipo visitante. Las gradas se pintaron de una mayoría verde aunque no con la unanimidad acostumbrada. El público estadounidense quiso hacerse presente y lo logró sobre todo en una de las cabeceras, donde se colocaron los "American Outlaws" con todo su colorido. De estreno con el uniforme de "Capitán América2, el que será su segunda vestimenta para el Mundial, el equipo local hizo bailar a los verdes en la cancha y pegar de gritos a Miguel Herrera. Incómodo por la publicidad estática que se interponía entre el área técnica y la banca, el "Piojo" no tardó en sacar a relucir el carácter reservado para los días de angustia. Manoteó, reclamó al árbitro, hizo gestos de desaprobación para sus propios jugadores –como cuando Moisés Muñoz regaló un despeje- y aprovechó el final del primer tiempo para acercarse al árbitro y externarle alguna molestia. Alrededor de todo ello, unas gradas casi repletas. Sólo las esquinas del tercer piso lucieron pequeños huecos, reflejo de que el Clásico de CONCACAF es a prueba de planteles alternativos, ya que ni México ni EU contaron con todos sus estelares. Del sufrimiento en el primer tiempo, la afición azteca pasó al júbilo en el segundo, animado por sus propios gritos de "sí se puede". Los goles de Rafael Márquez y Alan Pulido provocaron explosiones de júbilo en unas gradas tan lejos de Columbus como del Estadio Azteca, pero igual calurosamente verdes.

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