Espontáneos 'prendieron' el México-Bolivia

Despedidos como héroes, cada uno de los cinco espontáneos que saltaron a la cancha prendieron como pocas ocasiones futbolísticas el ánimo del público durante el México vs. Bolivia.
Despedidos como héroes, cada uno de los cinco espontáneos que saltaron a la cancha prendieron como pocas ocasiones futbolísticas el ánimo del público durante el México vs. Bolivia.
 Despedidos como héroes, cada uno de los cinco espontáneos que saltaron a la cancha prendieron como pocas ocasiones futbolísticas el ánimo del público durante el México vs. Bolivia.  (Foto: Notimex)
Denver, Colorado -
  • El público desbordó entusiasmo pese al poco cartel del rival

Despedidos como héroes, cada uno de los cinco espontáneos que saltaron a la cancha prendieron como pocas ocasiones futbolísticas el ánimo del público durante el México vs. Bolivia. Por la forma como salieron del inmueble, asegurados por la Policía, el par de seguidores del Tri que pusieron el ejemplo cumplieron así el sueño de muchos, pues no sólo estrecharon la mano de Moisés Muñoz y Miguel Layún, sino que escucharon ovaciones unánimes durante sus cinco segundos de fama. Era el minuto 64 cuando a la par saltaron la pequeña barda que divide cancha y tribuna cerca del tiro esquina derecho del portero mexicano. Con los brazos en alto, corrían y volteaban a la grada hasta salir por el otro lado del terreno de juego. No requirieron tacleadas de agentes de seguridad, pues ellos mismos cedieron las manos a un par de policías, no sin dejarse una libre para chocar manos de aficionados que los veían cruzar la grada hacia afuera del inmueble. Pese al poco cartel del rival mexicano, el ambiente fue como la alineación del “Piojo” Herrera: llena de frescura. Así, la afición cantó emocionada el “Cielito” Lindo al minuto 30 de cada uno de los tiempos, cuando el sonido local hacía sonar las notas del mariachi. También recibieron con especial cariño al timonel mexicano antes del silbatazo inicial, además de que se emocionaron con los cambios en el complemento, al grado de pedir a Guillermo Ochoa en lugar de Moisés Muñoz. El reducido aforo de la casa del Colorado Rapids, de apenas 18 mil aficionados, permitió que se sintiera el calor entre cancha y tribuna. Tan pocas eran las restricciones que los equipos tenían que pasar entre las gradas detrás de una de las porterías para pasar a los vestidores, sólo separados de la gente por barandales.

Todavía cerca del final saltó otro par, por la misma zona pero más aprisa, lo que provocó un aviso en el sonido local para advertir que los espontáneos serían arrestados.

Como si fuera solicitud para saltar, un último seguidor salió detrás del arco de Muñoz, justo cuando fue expulsado el boliviano Ramiro Ballivian, para recorrer él sí toda la cancha y desatar una persecución con hasta ocho elementos de seguridad que provocó uno de los mayores momentos de algarabía de la noche.

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