Afición mexicana, del Cielito Lindo al '43'

Los pocos pero ruidosos mexicanos en las gradas del Amsterdam Arena aprovecharon la solemnidad holandesa para hacer suyos los decibeles del encuentro.
Los pocos pero ruidosos mexicanos en las gradas del Amsterdam Arena aprovecharon la solemnidad holandesa para hacer suyos los decibeles del encuentro.
 Los pocos pero ruidosos mexicanos en las gradas del Amsterdam Arena aprovecharon la solemnidad holandesa para hacer suyos los decibeles del encuentro.  (Foto: Notimex)
Amsterdam Arena, Amsterdam, Holanda -
  • Los mexicanos también mostraron pancartas de protesta por Ayotzinapa

Los pocos pero ruidosos mexicanos en las gradas del Amsterdam Arena aprovecharon la solemnidad holandesa para hacer suyos los decibeles del encuentro. Del ‘Cielito Lindo’ a las burlas contra Arjen Robben y de ahí a la protesta anunciada por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa. Por todo eso se hizo sentir el público azteca, disperso en su mayoría, si bien en dos de las esquinas del segundo piso se vieron los manchones verdes más numerosos. En la casa de los tulipanes fueron mucho más constantes gritos como “¡El que no brinque es Robben!”, el tradicional “¡Que lo vengan a ver!” dedicado al portero, e incluso sentidas y entonadas estrofas de “El Rey”. Quedó claro que el público mexicano prioriza el festejo y no la cancha, a diferencia del holandés, analítico, concentrado y hasta frío mientras la pelota rodaba. Los locales reservaron las sonrisas y los aplausos para el medio tiempo y los instantes previos al inicio del juego, cuando una banda de guerra, música electrónica y serpentinas disparadas a la grada calentaban el amistoso. Durante el Himno Mexicano, fueron apenas perceptibles los mexicanos con pañuelos en señal de protesta por el caso Ayotzinapa. Sin embargo, al minuto 43 fue mucho más visible la manifestación, con pañuelos blancos agitados y gritos irrefutables: “¡Cuarenta y tres, cuarenta y tres!”, seguido por otros de “¡Justicia, justicia!”. A pesar de que los mexicanos esperaban que el público naranja se uniera, la protesta pasó de noche para los locales, que simplemente contrarrestaban con ovaciones los abucheos también indignados del público mexicano, que de lo social volvía a lo deportivo, cuando Arjen Robben tocaba la pelota. El estadio del Ajax no registró el lleno pero sí una entrada de alrededor de 40 mil espectadores, lo que permitió que las gradas lucieran cerca del lleno. A pesar de que el partido terminó con una temperatura gélida de 7 grados, la noche fue emocionalmente calurosa para la comprometida afición azteca que al final agradeció con gritos los aplausos que los propios jugadores les dedicaron a ellos.

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