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'Salvo una Lorena Ochoa, el deporte invernal en México luce condenado'

Muchos factores juegan en contra del deporte invernal en México y el patinador Ricardo Olavarrieta, dos veces olímpico, nos explicó por qué.
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Los Juegos Olímpicos de Invierno son totalmente ajenos a México -aunque en PyeongChang 2018 se presentó la delegación más grande en los últimos 16 años-, de ahí que estos deportes tengan casi nula difusión y respaldo.

Ricardo Olavarrieta representó a México en patinaje artístico en los Olímpicos de Calgary 1988 y Albertville 1992, y estuvo en los recientes Juegos como especialista técnico de la Unión de Patinaje Internacional. Es una de las pocas voces autorizadas para hablar de deporte invernal en nuestro país y entiende que sería iluso pedir dinero al gobierno para que el país se desarrolle en este tema.

“Hay que ser realista, sería tonto decir: ‘Es que deben invertir y que pongan dinero’. La cosa es sencilla, si al gobierno le digo: ‘Pongan una pista de hielo, ayúdenos a ponerla para tener dónde entrenar y generar talento’, pero siendo honestos, con el dinero que te cuesta montar una buena pista de hielo, tal vez pones 10 o 20 canchas de futbol en el país, sería casi ridículo pedir ese apoyo y entiendo que de acuerdo al sapo es la pedrada", platicó con Mediotiempo.

Si nuestro país tiene una mínima esperanza de algún día destacar en el deporte invernal será gracias a un prodigio como Ana Gabriela Guevara, Lorena Ochoa o Paola Longoria.

"Exacto, alguien como ellas, porque salvo un garbanzo de a libra o un prodigio, creo que el deporte de invierno aquí se ve condenado. Si no es con los clásicos esfuerzos individuales es muy complicado porque son deportes muy particulares”, aseguró.

'NO ES FESTEJAR UN ÚLTIMO LUGAR, ES CELEBRAR LAS AGALLAS'

Sobre Germán Madrazo, el esquiador mexicano que llegó en último lugar en los 15 kilómetros del Cross Country y al cruzar la meta lo hizo con la bandera nacional en todo lo alto, Olavarrieta aseguró que no se trata de festejar últimos sitios, sino las agallas de este hombre.

“Cuando uno celebra, nos estamos celebrando nosotros y como país. No es festejar el último lugar, lo hacemos porque hay una persona loca que nos dio la oportunidad de sentarnos frente a la televisión para verlo representando a nuestro país con la bandera en alto y siendo noticia positiva. ¡Hasta el campeón lo esperó en la meta para felicitarlo! ¿Por qué? Porque se ganó el respeto de todos.

“Muchos dirán que cómo se puede celebrar un último lugar y puede que sí, pero por lo menos este hombre tuvo las agallas de lograrlo, de llegar a unos Juegos Olímpicos para los que nadie le regaló nada. En un año aprendió a esquiar y se ganó su lugar, mientras muchísimos más se quedaron en un sillón en casa”.
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