Megaeventos: Enemigos de la democracia brasileña

Brasil es el cuarto país en la historia en realizar dos megaeventos deportivos seguidos. La particularidad de Brasil es que los realizó en medio de la modernidad líquida.


Brasil es el cuarto país en la historia en realizar dos megaeventos deportivos seguidos 2014-2016, es decir, Mundial y Juegos Olímpicos juntos, después de México 68-70; Alemania 72-74 y Estados Unidos 94-96. La particularidad de Brasil es que los realizó en medio de la modernidad líquida, donde todo se nos va de las manos en instantes y todo pasa sin leerse, sin verse, sin reflexionarse. La posmodernidad no permitió a Brasil reflexionar sobre la organización de sus dos mega-eventos deportivos y como estos, iban a demoler su democracia, tal como se demolieron muchas casas en las favelas de Río, Sao Paulo, Recife, Curitiba y Porto Alegre, debido al Mundial del 2014.

No es la primera vez que los Juegos Olímpicos y los Mundiales de futbol enfrentan una crisis social y política antes de llevarse a cabo. Los Juegos de México 68 se realizaron, es cierto, en medio de un oscurantismo político y con un charco de sangre moral, que aún hoy estamos padeciendo pues el 2 de octubre, diez días antes de la inauguración, Díaz Ordaz a través de Luis Echeverría, dieron la orden de disparar contra estudiantes que se encontraban en la Plaza de las Tres Culturas. En Munich 72, “Septiembre Negro” dio a conocer el terrorismo a nivel mundial durante un mega evento donde trece deportistas de la delegación israelí murieron a manos del comando palestino. Los Mundiales de México 70 y Alemania 74, se jugaron bajo el recelo, uno de la política de estado y el otro, el alemán con unas medidas de seguridad inimaginables para un evento deportivo de tal valor social.

Hoy los dos mega-eventos brasileños se ven envueltos esa modernidad líquida donde la velocidad de las cosas parece importarle poco hasta a la democracia. En menos de 24 horas Brasil retrocedió 50 años, impuso un régimen machista, misógino y con poca fe en su propio pueblo. Nada probaron: conspiraron porque no aceptan la derrota en cuatro elecciones consecutivas y porque una nueva posibilidad de Lula en elecciones los pone a temblar. La sanción es "como castigar con pena de muerte una infracción de tránsito"; para eso no es el impeachment que burdamente montaron. Hasta ellos mismos admiten que Dilma no robó y no aceptó sobornos; no pueden asimilar las conquistas de los últimos años: millones de pobres sacados de la pobreza y negros en las universidades. Derechos para las empleadas del servicio y subsidios para pobres en una sociedad tan desigual.

El historiador cultural y creador de la teoría del juego el holandés Johan Huizinga en su libro “Homo Ludens”, decía que uno de los grandes enemigos del juego es el tramposo. El tipo que asumió la presidencia en Brasil, Michel Temer y todos sus colaboradores en la primera, segunda y tercera división serían tramposos si lo vemos desde el universo del futbol, porque no respetaron las reglas del juego, respetaron las reglas del poder del juego. El futbol y la política son hechos sociales, el juicio a Dilma también lo es. A poco más de 80 días de la celebración de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro el panorama político y social en Brasil es tan sombrío como lo fue 10 días antes, en aquel octubre del 68, el de México. Y no hablo de que los Juegos se van a ver afectados, por supuesto que no, se va a ver afectada una sociedad que luchó por la democracia durante años, aplastada por las dictaduras militares de los 70 y la dictadura de la corrupción desde siempre, la estructura social brasileña se pregunta así misma: “¿Y ahora qué?” .

Antes de estos Juegos Olímpicos y desde la época de Lula, el Brasil que llegó a ser la quinta economía global por momentos, impulsó una mayor calidad en la educación brasileña, se fundaron más de 10 universidades nuevas en todo el país, se impulsaron más de 30 doctorados, entre ellos, cuatro especializados en deporte desde la antropología, la sociología, los derechos humanos y el deporte sustentable. El número de posgraduados aumentó en un 80%, las niñas y niños brasileños, accedieron a mejores oportunidades educativas, todas con la base de trabajar mejores sistemas pedagógicos. Nunca como antes los investigadores brasileños tuvieron tantas oportunidades de intercambiar conocimiento hacia Estados Unidos, Europa, Asia y el resto de América Latina. Dilma Roussef respondió al Impeachment con la propuesta de abrir cinco universidades más.

Los Juegos Olímpicos se van a llevar a cabo en una país y en una ciudad donde sus gobernantes no le pueden dar la cara al mundo como demócratas, sí como golpistas disfrazados de demócratas. No es Dilma, que por supuesto cometió errores muy graves en su gobierno, pues antes del Mundial, durante la llamada “crisis de la Copa Confederaciones”, la carga fiscal del país era muy fuerte y no ideó una estrategia adecuada que contuviera tales presiones. Esto lo llevó a crecer después de enemigos de la democracia brasileña. Es antes del Mundial, una las crisis de las más fuertes que hay, ante la toma del poder por parte del Mega evento a un pobre 1.0 %, luego de haber tenido crecimientos del 7.0 y 6.1% respectivamente. No es Dilma porque ella intentó seguir con una política progresista, incluyente, con visión de estado. No es Dilma, es el conservadurismo.

El deporte mundial tiene que mirarse en Brasil. Hoy que el COI y la FIFA exigen políticas claras de respeto de derechos humanos, de equidad de género, de respeto al medio ambiente, de inclusión por otras formas sociales de vida como homosexualismo, transexualismo, etc., hoy vive una gran contradicción en Brasil, cuyo gobierno retrocedió en los últimos días al oscurantismo de hace algunas décadas como lo está haciendo América Latina en su conjunto. Y sí, el nuevo gobierno de Brasil va perdiendo 7-1 no sólo contra el deporte, sino contra la democracia misma y su pueblo mismo. La mirada del deporte debe ser crítica, muy crítica al respecto. ¿Lo será realmente o seguirá el instinto de sus intereses y se callará con respecto a lo que pasó en Brasil? Veremos, veremos…

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