Regresando de Brasil

La travesía realizada me permitió constatar la trascendencia que se le otorga por parte del Comité Olímpico Internacional, el Comité Organizador de los Juegos y de los patrocinadores...
Ciudad de México -

A escasas horas de retornar a México proveniente de Curitiba, la capital de Paraná, importante estado de la República Federal de Brasil, en donde tuve el enorme privilegio de portar la antorcha olímpica que se enfila al estadio de Maracaná, en Rio de Janeiro y que iluminara los Juegos Olímpicos de Rio.

La travesía realizada me permitió constatar la trascendencia que se le otorga por parte del Comité Olímpico Internacional, el Comité Organizador de los Juegos y de los patrocinadores al recorrido de la antorcha olímpica, es un despliegue que combina la logística, la mercadotecnia y la seguridad con el objetivo de que trascienda un imprescindible símbolo del movimiento olímpico.

Portar el uniforme, recibir las instrucciones y atender con mucha emoción la posibilidad de ser parte del espíritu de los juegos es una experiencia que sin duda es equiparable a momentos iconitos que hay en la vida y que a quienes nos debemos al olimpismo tiene una representatividad para algunos desconocido.

El gigante sudamericano tiene ahora la gran posibilidad de presentarse al mundo como un cálido anfitrión de uno de los dos eventos más observados en el planeta, Rio 2016 no transformara los problemas sociales, políticos y económicos de Brasil, pero si podrán generar una autoestima nacional que ha estado lastimada por los resultados futbolísticos del mundial de futbol del 2014, el objetivo del país sede es obtener 10 medallas de oro y con ello tener el papel más sobresaliente de su historia Olímpica.

Los símbolos han acompañado la existencia del ser humano para explicar nuestra fortuna, desgracia, vida o muerte y la antorcha olímpica es un símbolo que nos invita a exponer lo mejor de los seres humanos.

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