Medio Maratón CDMX, diario de una 'runner'

La salida en esta edición fue junto a la Fuente Bicentenario de La República en el Paseo de la Reforma
Denisse nos cuenta su experiencia en el Medio Maratón de la CDMX
Ciudad de México -

Llegó el día. Más bien la madrugada: 4:30 am, suena el despertador y la alegría, emoción y nervios te expulsan de la cama.

Después de terminar mi segundo medio maratón el siguiente reto obligado era el Medio Maratón de la Ciudad de México, una carrera emblemática y famosa por su difícil ruta.

El tiempo se pasa lento cuando estás a punto cruzar el arco de salida localizado en esta edición junto a la Fuente Bicentenario de La República en el Paseo de la Reforma.

Los primeros kilómetros son difíciles porque el cuerpo debe agarrar ritmo. La clave está en empezar despacio para distribuir la energía e ir aumentando la velocidad durante la carrera. Monumentos simbólicos se disfrutaban durante el camino: la Glorieta de la Palma, El Ángel de la Independencia, La Fuente de la Diana Cazadora.

Después de pasar el Auditorio Nacional comenzó la primera subida prolongada de la ruta. "¡Tú puedes!" me repetía a mí misma mientras me acordaba de todas las veces que he corrido ese trayecto en otras carreras.

"Todo lo que sube tiene que bajar" y finalmente pasando el kilómetro 8 la bajada empezó, tramo que ayuda a recuperar tiempo.

La Avenida no era suficientemente espaciosa para los 25 mil corredores que participamos. Continué corriendo en la banqueta para alejarme de la multitud, aunque fue incómodo.

Pasando el Auditorio Nacional de regreso la ruta continuó por Calzada Chivatito, parte que involucra un gran esfuerzo físico por la pendiente. La elevación siguió durante los siguientes 3 kilómetros, ya en la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. Me empecé a cansar, pero sabía que no me podía rendir en ese momento.

Las plantas de los pies ya me dolían, pero me faltaba poco. Mi segunda carga de gel energético me ayudó cuando la meta ya estaba cerca, con los últimos kilómetros en descenso.

Cada kilómetro recorrido, cada gota de sudor, cada minuto de entrenamiento y el esfuerzo de despertarme todos los días muy temprano a entrenar cobraron su valor cuando finalmente llegué a la meta.

Haber completado este reto de 21 kilómetros con una ruta bastante pesada es realmente gratificante e impulsa a querer seguir obteniendo medallas, pequeños premios para los runners, pero que representan todo el tiempo y dedicación invertidos.

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