Conseguir 10 mil palomas, la increíble tarea para inaugurar México 68

Hace 50 años, el Comité Organizador quería hacer la "suelta de palomas" más espectacular en la historia de los Olímpicos y así lo lograron.
10 mil palomas, la tarea de Guillermo Rendón para inaugurar México 68
Ciudad de México -

La misión era clara: México 68 tenía que pasar a la historia como la mejor y más grande organización de unos Juegos Olímpicos. Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto mexicano, nombrado presidente del Comité Organizador, vislumbró una edición número 19 llena de espectáculo, digna de un país moderno en la década.; cada detalle era supervisado y la suelta de las palomas no podía ser algo más.

Es así, que a principios de 1968, el Comité se encargó de iniciar la búsqueda de clubes colombófilos para tener la mayor cantidad de aves. La petición fue clara por parte del arquitecto: 10 mil palomas que volaran tras el discurso del Presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz.

El proyecto llegó a manos de don Guillermo Rendón, un colombófilo dedicado a las palomas mensajeras, miembro de un club ubicado en Buenavista. Ahí, él y sus amigos entrenaban a las pequeñas aves para la competencia que es reconocida a nivel mundial. En entrevista con Mediotiempo, a sus casi 90 años de edad, los cumplirá este 15 de octubre, Guillermo recordó aquel momento y la osadía de conseguir el deseo de Ramírez Vázquez.

"A principios del año comenzó a comentarse que el Comité, que ya estaba organizado para todo lo de la olimpiada, iba a requerir de una cantidad determinada de palomas mensajeras para que, como se hace en todos los países sedes, a la hora que se declare inaugurado se suelten las palomas", comentó.

Sin recordar el nombre, el colómbofilo comentó que una persona fue comisionada por el Comité Organizador y un miércoles acudió a las oficinas de aquel viejo edificio para proponerles el proyecto.

"Para nosotros fue una cosa fabulosa, solo que él mandó a pedir 10 mil palomas y no las teníamos entre todos porque no podían participar de otras ciudades porque las palomas se iban a soltar ahí (en el Estadio Olímpico Universitario) y pues no llegan", incluso, aseguró que no lograron obtener todas.

Ante la carencia de palomas mensajeras y la poca probabilidad de contar con la aportación de otros clubes como en Jalisco, la idea de todo el grupo de hombres radicó en ir a la caza y compra de palomas comunes.

"Hubo la idea de cómo conseguirlas, se llegó a la conclusión de que había que soltar palomas corrientes junto con las mensajeras y jamás se escatimó un quinto. Nos dijeron que todo lo que necesitáramos lo iban a dar, pero nunca se les pidió nada porque era un orgullo".

Un terreno ubicado frente al cerro de la Villa sobre lo que hoy es la avenida Martín Carrera, fue el lugar perfecto para acumular a cientos y cientos de palomas comunes. El Comité acondicionó un palomar y durante medio año se dedicaron a adquirir crías. Algunos reportes señalan que fueron casi 7 mil aves las que volaron la tarde-noche de ese 12 de octubre de 1968. Don Guillermo no recuerda la cantidad exacta, pero sabe que fueron más de la mitad de lo solicitado.

El día llegó, a todos se les solicitó preparar a sus pequeñas aves y colocarlas en unas jaulas que fueron traídas desde Bélgica. Cada uno de los colombófilos fue colocado alrededor del tartán del Estadio Olímpico Universitario. Las órdenes fueron claras, las palabras de Díaz Ordaz serían la señal para abrir las puertas. No podían ponerse de pie, mucho menos distraerse, todos fueron monitoreados y coordinados por el Estado Mayor.

"Abrimos las cestas y salieron las palomas y se hizo un revuelto. La paloma mensajera sale y comienza a dar vueltas para ascender y ya que salen del hoyo del estadio enfilan para hacer grupos y regresar a su casa, su palomar, pero las palomas corrientes no, algunas ni sabían volar", contó de aquel momento.

Eso sí, antes de que las palomas sorprendieran a los miles de espectadores, un total de 40 mil globos de helio fueron liberados. Todos estaban perfectamente escondidos en la fosa del Olímpico. Decenas de globeros de la Alameda se encargaron de mantener "vivos" a los globos ante la gran cantidad y el tema de la conversión del helio que evitaría el vuelo.

Una vez que las palomas tomaron rumbo, cada grupo hacia su hogar, Don Guillermo se sorprendió cuando un competidor se salió de la fila para ir a tomar una pequeña ave.

"Recuerdo ver que algunos competidores, un 'negrito' llevaba un uniforme blanco y se salió de la fila para agarra una paloma blanca pintita".

A 50 años de ese momento, Don Guillermo continúa como colombófilo. Las palomas son su vida entera, todos los días se levanta a las 7 de la mañana para ir a su recién creado colombódromo cerca de Atizapán.

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