Reyes, de las grandes ligas a la cárcel

No hace mucho, Gilberto Reyes era un catcher de las grandes ligas que trabajaba con Orel Hershiser, Dennis Martínez y Randy Johnson.
 No hace mucho, Gilberto Reyes era un catcher de las grandes ligas que trabajaba con Orel Hershiser, Dennis Martínez y Randy Johnson.
Las Vegas, EU -
  • "Nunca había estado preso. Jamás tuve problemas con la policía"

No hace mucho, Gilberto Reyes era un catcher de las grandes ligas que trabajaba con Orel Hershiser, Dennis Martínez y Randy Johnson. Hoy está preso y enfrenta un futuro incierto. Cuatro días antes de la Navidad del 2007, Reyes manejaba un camión que se salió de la carretera al patinar en el pavimento helado en el noreste de Nuevo México. El vehículo volcó y desparramó una cantidad de muebles y una carga oculta: 190 kilos (420 libras) de marihuana escondida en 42 paquetes envueltos en celofán. La droga se esparció por el terreno nevado. Las autoridades calcularon que se hubiera vendido por 250.000 dólares en la calle. El dominicano Reyes, quien jugó siete años en las mayores, con los Dodgers de Los Angeles y los Expos de Montreal, ha estado preso desde entonces, pero insiste en que es inocente. "Nunca había estado preso. Jamás tuve problemas con la policía", afirmó el mes pasado en una entrevista de una hora con la AP en el Centro de Detención del condado de San Miguel. Reyes se rió con frecuencia durante la entrevista en una sala de estudios de la prisión, a la que se presentó luciendo el uniforme carcelero anaranjado y zapatillas blancas. Había cumplido 45 años detrás de las rejas. Dijo que rechazó un acuerdo por el que se hubiera declarado culpable a cambio de una sentencia reducida porque quería defender su buen nombre. "Para ser honesto, ellos tenían un buen caso", expresó Reyes. "El fiscal era muy bueno. Hizo su trabajo. No podía dejarme salir libre. Tenía que demostrar que yo sabía lo que había en el camión". El juicio de Reyes terminó en febrero sin un veredicto pues los jurados no se pusieron de acuerdo. Ocho lo consideraron inocente y cuatro pensaron que era culpable. Esto implica que el dominicano seguirá preso a la espera de un nuevo juicio, programado en julio. El fiscal Richard Flores fue criticado por algunos residentes que creen en la inocencia de Reyes. Pero se mantuvo firme. "Las drogas son un problema de nuestra comunidad", expresó Flores. "Hay muchas familias que han sido afectadas por ellas. El que las usa no es el único afectado". El fiscal, no obstante, retiró los cargos este mes porque la visa de Reyes expiró mientras estaba preso. Decidió que el servicio de inmigración haría el trabajo por él y pondría al dominicano fuera de circulación, deportándolo por estar en el país sin sus papeles en orden. Cuando un juez le concedió la libertad condicional el 10 de marzo, de inmediato fue detenido por agentes del servicio de inmigración que lo llevaron al centro procesador de El Paso, Texas, donde permanece arrestado sin derecho a fianza, a la espera de ser deportado a la República Dominicana. "Confío en que se servirán los intereses del público cuando sea deportado y no pueda transportar ni suministrar drogas a nuestros ciudadanos", expresó Flores. Reyes dice que todo esto ha sido "una pesadilla" que jamás imaginó podría sucederle cuando aceptó los 1.000 dólares que le ofreció un individuo que se identificó como "García" por llevar los muebles desde la frontera con México hasta Denver. Afirma que conoció a García jugando al billar en Douglas, Arizona. Salieron juntos a beber cerveza durante cinco meses. Reyes había estado dirigiendo un equipo de las ligas menores de México en Agua Prieta. Al terminar la temporada, trabajó en campamentos para jóvenes, hasta que se quedó sin dinero. El ofrecimiento que le hizo García parecía un trabajo fácil, que le daría dinero suficiente para volver con su familia. "Mi único error fue confiar en ese tipo", declaró. "Lo conocía desde hacía varios meses. Jamás había visto a un traficante y nunca pensé que él fuese uno". Un agente de la agencia antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés) declaró en el juicio que el uso de "mulas" y de paquetes de droga envueltos en celofán son típicos de organizaciones de traficantes sofisticadas. Reyes no pudo pagar una fianza de 10.000 dólares tras ser arrestado, por lo que permaneció en prisión. El dominicano dice que tiene la conciencia limpia porque siempre obró bien. Indicó que se hubiera podido escapar tras el accidente, sin quedarse a esperar que llegase la policía. "Me senté y esperé por la policía. Hubiera podido tomar uno de los paquetes, parar un auto y decirle 'lléveme a Albuquerque''', destacó. Asegura que no lo hizo porque no sabía que había drogas en el camión. Agrega que se sentía medio mareado por el accidente y que al principio no se dio cuenta de que los paquetes regados contenían marihuana. Hacía frío y nevaba en ese sector remoto de la carretera interestatal 25. "No hubiera podido ir a ninguna parte a pie", manifestó. El dominicano dice que hubiera podido escapar nuevamente cuando fue llevado a un hospital de Las Vegas, donde nadie lo vigiló durante 20 minutos. No lo hizo, insiste, porque era inocente. "Me alegro de haber tenido el accidente porque las drogas no llegaron a los vendedores", añadió. Reyes bateó de 202 en siete temporadas en las mayores. Jugó con los Dodgers entre 1983-88, como suplente de Mike Scioscia. A lo largo de su carrera fue catcher de Hershiser y ayudó a formar a Pedro Martínez en las menores. Sus dos últimas temporadas en las mayores, las de 1989 y 1991, las pasó con los Expos, donde jugó con Johnson y Dennis Martínez. Describió al nicaragüense como un "muy buen amigo". Una de sus peores frustraciones en la cárcel es que no puede informarse demasiado de lo que acontece en el béisbol. Pero tuvo algunas sorpresas. Encabezó estudios de la Biblia, trabajó en la cocina durante un año y también en el lavado de ropa. "La cárcel fue dura, trataba de no perder la esperanza. Pero también fue una buena experiencia", dijo Reyes. "Ayudé a la gente con los estudios de la Biblia. No sabía pelar una papa y ahora puedo cocinar par 150 personas. Era el chef". Lo peor de todo fue el sufrimiento de su familia. Cuando los vecinos se enteraron de sus problemas, su esposa se vino de la República Dominicana a Nueva Jersey. Sus dos hijos menores están viviendo con parientes y van a escuelas de Pensilvania. Un hijo, Gilberto Reyes Jr., juega béisbol con la Universidad de Bellevue, cerca de Omaha, Nebraska. Reyes teme que el muchacho sea afectado por los problemas de su padre. "Soy un tipo sencillo, de buen corazón", expresó, mientras se secaba una lágrima. "He estado rezando y pidiendo la misericordia del Señor. Sé que todo esto terminará".

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