Matsui, Pettitte y Rivera, protagonistas del título 27 para Yankees

los Yankees de Nueva York contaron al conseguir el vigésimo séptimo título con una coreografía triunfal que montaron el japonés Hideki Matsui, Andy Pettitte y el panameño Mariano Rivera.
los Yankees de Nueva York contaron al conseguir el vigésimo séptimo título con una coreografía triunfal que montaron el japonés Hideki Matsui, Andy Pettitte y el panameño Mariano Rivera.
 los Yankees de Nueva York contaron al conseguir el vigésimo séptimo título con una coreografía triunfal que montaron el japonés Hideki Matsui, Andy Pettitte y el panameño Mariano Rivera.
Nueva York, Estados Unidos (Reuters) -
  • Matsui se quedó a las puertas del ciclo completo, le faltó sólo un triple, en una noche que fue el gran verdugo

El béisbol profesional vuelve a tener en el trono de los reyes de la Serie Mundial a los Yanquis de Nueva York al conseguir el vigésimo séptimo título con una coreografía triunfal que montaron el japonés Hideki Matsui, Andy Pettitte y el panameño Mariano Rivera. El acto final llegó con el último "out" que sacó el segunda base dominicano Robinson Canó al tirar a la inicial la pelota de una rola por tierra que había pegado el jardinero Shane Victorino. La pelota le llegó al guante de Mark Teixeira y comenzó la gran celebración en el nuevo Yankee Stadium, donde antes Matsui, Pettitte y Rivera pusieron en escena las tres esencias del deporte del béisbol como es el bateo oportuno y poderoso, el pitcheo dominador y un relevo que haga más fácil la buena defensa.

"Todos estos títulos han sido una bendición, los disfruto por igual y más junto a mis amigos de siempre"

Todo lo anterior con el ingrediente de una espera ansiosa de nueve años sin título después de haber ganado tres consecutivos y una inversión de mil 600 millones de dólares en salarios, que al final permitieron a los Yanquis justificar a las estrellas fichadas. Matsui remolcó seis carreras para igualar un récord en un juego del Clásico de Otoño, mientras que Pettitte volvió a ser la figura en un duelo decisivo y Rivera simbolizo por quinta vez el triunfo de los Yanquis en la Serie Mundial tras ganar por 7-3 a los Filis de Filadelfia en el sexto partido. El bateador designado japonés, parco en palabras tanto en su propio idioma, como en el inglés que no domina, lo dijo todo con el bate al impulsar seis carreras y se convirtió en el primer pelotero de su país que logró el premio de Jugador Más Valioso (MVP) en la Serie Mundial. Matsui se quedó a las puertas del ciclo completo, le faltó sólo un triple, en una noche que fue el gran verdugo para el veterano abridor dominicano Pedro Martínez, que no sólo se fue con la frustración de la derrota, sino de ver como nunca pudo superar al bate del japonés, que lo castigo con jonrón y sencillo decisivos. Luego en el montaje de la coreografía triunfal llegó el turno a Pettitte, el lanzador zurdo nacido en Luisiana hace 37 años, pero con corazón y sentimiento texano, que iba a imponer una vez más su clase desde el montículo. En su primera apertura con tres días de descanso desde septiembre de 2006, Pettitte ratificó su condición de ganador y campeón al espaciar tres carreras y cuatro imparables cinco entradas y dos tercios para incrementar a 18 su récord de victorias en juegos de la fase final, incluidos tres decisivos de la que concluyo. Pero faltaba el protagonista ideal para el último "out", y no pudo ser más que el ya legendario Rivera. Miembro junto con Pettitte, el campo corto Derek Jeter y el receptor puertorriqueño Jorge Posada, de los equipos que se alzaron campeones en 1996 y 1998, 1999 y 2000. Rivera, que salió con un "out" en el octavo episodio, volvió a dar cátedra de como tiene que lanzar un cerrador estelar en los momentos decisivos. Seguro, concentrado, sin prisas, saboreando de la estrategia y los lanzamientos que iba a dedicarles a sus rivales, que poco a poco, hasta cinco, fueron eliminados. El convencimiento y seguridad de que su misión había sido cumplida se vio cuando Rivera antes que Canó desde la intermedia enviase la pelota a Teixeira ya había abandonado el montículo para comenzar la gran celebración. A la que se unieron el resto de los peloteros para fundirse en una piña humana, en el centro del nuevo Yankee Stadium, que completó su año inaugural con el vigésimo séptimo título de la Serie Mundial. El moderno escenario de los nuevos reyes del "Clásico de Otoño", tuvo un coste de 1.500 millones de dólares y se construyó frente al viejo estadio situado en la calle 161 del barrio del Bronx, donde tantas jornadas históricas vivió el deporte pasatiempo nacional. Por obra de la casualidad, el nuevo título coincidió con el mismo día del amargo recuerdo del imparable impulsador del hispano Luis González contra Rivera y que le dio a los Cascabeles de Arizona la corona de la Serie Mundial del 2001 al ganar el séptimo juego. Los recuerdos amargos quedaron atrás por completo para los fanáticos de los Yanquis y especialmente para el dueño del equipo, George Steinbrenner, que vivió una jornada muy especial. Steinbrenner, de 79 años que nunca ha titubeado en contratar a los jugadores más caros en el mercado, este título tendrá un valor diferente, dado que su salud no es la mejor y se ha deteriorado en los últimos tiempos. Durante la presentación del trofeo, la pantalla gigante del estadio exhibió un mensaje dedicado a Steinbrenner: "'Jefe, esto es para usted'". Después, en los vestuarios, Rivera, Pettitte, Posada y el capitán Jeter se bañaron por quinta vez con el champán de los campeones, mientras que Matsui los observaba para aprender de como deben ser las celebraciones cuando se gana un título de la Serie Mundial. "Todos estos títulos han sido una bendición, los disfruto por igual y más junto a mis amigos de siempre", declaró Rivera. "Esto es algo que no se puede explicar" . Más explicito fue Posada cuando dijo que el tiempo de la celebración había llegado a la Gran Manzana. "Vamos a celebrar y mucho", declaró Posada cuando le dijeron que la ciudad prepara un desfile popular con confeti para el viernes. "Nunca se sabe cuando volverás a vivir algo como esto, la última vez nos tocó esperar nueve años, pero mereció la pena".

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