Las vuvuzelas invaden las Grandes Ligas

Cuando el pelotero Cody Ross llegó al club el domingo por la mañana tomó una vuvuzela amarilla de su armario y salió metiendo estruendo en el clubhouse de los Marlins.
Cuando el pelotero Cody Ross llegó al club el domingo por la mañana tomó una vuvuzela amarilla de su armario y salió metiendo estruendo en el clubhouse de los Marlins.
 Cuando el pelotero Cody Ross llegó al club el domingo por la mañana tomó una vuvuzela amarilla de su armario y salió metiendo estruendo en el clubhouse de los Marlins.
Miami, Florida -
  • La derrota será recordada por el estruendo creado por 15 mil vuvuzelas

Cuando el pelotero Cody Ross llegó al club el domingo por la mañana tomó una vuvuzela amarilla de su armario y salió metiendo estruendo en el clubhouse de los Marlins. Un día después a los Marlins no les pareció tan gracioso.

"Hay cosas que son agradables y otras no. Esta no lo es"

La derrota del sábado por 9-8, en once entradas, ante los Rays de Tampa Bay será recordada por el estruendo creado por 15 mil cornetas distribuidas a los fanáticos, además de la posibilidad de que el ruido haya causado confusión entre el manager de los Marlins, Fredi González, y el umpire principal, Lance Barksdale. De todos modos el presidente de los Marlins, David Samson, dijo que la promoción había sido un éxito. "Fue notable", comentó Samson el domingo. "Recibí dos correos electrónicos de gente de mayor edad quejándose; pero para darles una idea, es el menor número de correos recibidos para las muchas cosas que pasan durante un juego". Pero después del juego del sábado, los jugadores de los Marlins opinaban diferente. "Terrible", dijo Ross. "Brutal", asintió el segunda base Dan Uggla. Y el sábado, el manager de los Rays, Joe Maddon, quien dijo que las cornetas debían ser prohibidas en el béisbol, se quejó de que 'son molestas'. "Hay cosas que son agradables y otras no. Esta no lo es", agregó. "E incluso podría atribuirse la confusión de anoche, si la hubo, al hecho de que estaba tan ruidoso". Las cornetas distribuidas el sábado tenían la mitad del tamaño de las vuvuzelas que atruenan los estadios durante la Copa Mundial de futbol en Sudáfrica. Pero hicieron tal ruido que jugadores y umpires se apresuraron en colocarse tapones en los oídos.

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