Una ficción gigante

Amigos aficionados al deporte, de repente nos desencantamos de la vida porque las historias pulsantes al final son sólo ficción. En ocasiones, creemos que las hazañas se producían en el deporte no...

Amigos aficionados al deporte, de repente nos desencantamos de la vida porque las historias pulsantes al final son sólo ficción. En ocasiones, creemos que las hazañas se producían en el deporte no lucrativo. A veces no entendemos que la lógica del mercado y el espectáculo por encima del juego nos puedan seguir nutriendo de verdaderos relatos heroicos. La virtualidad en la que estamos inmersos, nos hace más duros. Somos incrédulos de que todo ese espectáculo que montan las televisoras promocione un verdadero juego. Por ello, pan y circo en el siglo XXI es el deporte. Pero también por ello, hay mucho más que pan y un circo que relatar.

Por ello me referiré a la teoría heroica que me expresa mi colega Joaquín Torres. Aquella que se expresa en muchos relatos de ficción gigantescos.

En relatos epopéyicos, el héroe parte de un punto y regresa al mismo punto de donde partió completamente transformado. Siempre en la aventura del personaje hay un compañero fiel que funciona como su conciencia, la voz del interior. Aunque las pérdidas lo desfallecen espiritualmente en el camino y hay tentaciones de abortar la misión o recorrer un sendero distinto, logra superar los obstáculos. Y regresó con un anillo de Súper Tazón.

En el último instante enfrentó al gran monstruo, invencible guerrero que rememora épocas de honor y valentía. Tom Brady representaba a un Alejandro Magno de nuestros tiempos. Aún así, Eli Manning enfocó, vio y venció. Con dosis de dramatismo que muchos creímos de ficción. Tras batallar casco a casco, consciencia a consciencia, se enroscó en una lucha medieval. Sin embargo, nuestro héroe tuvo su última oportunidad, cuando ya se ahogaba en el tiempo y en el espacio. Ahí lanzó una súplica poética, ahí pasó de la mortalidad a la inmortalidad. Pero quien salvó su tesis heroica fue un jugador de segundo orden que sublimó un pase desesperado. Tyree descolgó el ovoide con una fuerza descomunal, con unos dedos que nunca se desprendieron de su principal fin. Tener y retener el ovoide de cualquier manera posible.

Pero la aventura no estaba completa. Se había salvado pero todavía no había triunfado. Necesitó de sangre fría, inteligencia máxima y razón instrumental para dar un pase letal a Burress que los hizo ganar el máximo honor.

Eli siempre fue con su conciencia y ese depositario de fidelidades y secretos fue su hermano Peyton. Ahí estaba en Arizona para no cesar su apoyo frente al Gran Monstruo, Tom Brady. Las aventuras de Peyton con Tom son para escribir otro relato; sin embargo, ahora le tocaba consagrar a su hermano menor.

Esta no es una ficción más de nuestra industria del entretenimiento cotidiano; esta historia fue en realidad una adaptación emparrillada de la tesis heroica.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas