¿Boicot? ¿Conspiración?

Amigos aficionados al deporte, ni lo uno ni lo otro.

Amigos aficionados al deporte, ni lo uno ni lo otro.

En ocasiones, la valoración mediática sobre los acontecimientos no se hace con la justicia pertinente. Otras tantas, creemos que la destitución de un entrenador toma mayor significado que el aprovechamiento del deporte como un móvil político para combatir violaciones vitales del ser humano.

No podemos ensimismar a la antorcha olímpica y encumbrarla como símbolo de paz (prístina y santa), cuando en un frente del país que acogerá los próximo Juegos Olímpicos se libra un enfrentamiento político de grandes dimensiones.

La posición discursiva del Comité Olímpico Internacional (COI) tiene un halo de contradicción inherente. Según dicta la siguiente nota: http://www.mediotiempo.com/mas_deportes/noticia.php?id_noticia=13592, el Presidente de la Comisión de Organización del COI, Hein Verbruggen comenta que "Los Juegos Olímpicos de Beijing están siendo vinculados más que nunca con temas que no tienen relación necesariamente con las olimpiadas". Es decir, se vincula al deporte con la política. Entonces que no nos vengan con la desfachatez de involucrar a los símbolos deportivos como la antorcha en cuestiones de paz social, unión entre los pueblos y otros conceptos más. No es congruente que ante la quietud y la calma se erijan como promotores de paz, y ante la tormenta simplemente se escondan bajo la simple excusa de que deporte y política son insolubles.

En el deporte moderno y ahora en el posmoderno, deporte y política van de la mano. No podemos desligar al deporte de su componente político. El deporte es un espectáculo con un alto grado de responsabilidad social, por lo que indudablemente todo evento deportivo de grandes alcances es un acto político. Así de sencillo.

Si algunos países europeos deciden no participar en los Juegos Olímpicos sería un gran revés para el COI, que no logró atemperar las reiteradas manifestaciones reprimidas por el Gobierno Chino en el Tibet. Un gran fracaso para el COI en su búsqueda de paz. Una equivocación por escoger a un país pseudo-totalitario.

Es una irresponsabilidad no comentar sobre los sucesos que azoran la región del Tíbet y las demandas de una cultura antiquísima que ve en los Juegos Olímpicos la única vitrina para difundir sus problemas ante la comunidad mundial. Este magno evento deportivo representa un vehículo para salir del aislacionismo que ha propiciado la cultura china en esa inhóspita región del planeta.

Los periodistas no podemos agachar la cabeza y desviar la mirada. Aunque el deporte sea nuestra motivación, la política y la ética en la defensa de los derechos humanos es nuestra gran bandera.

Asumamos nuestros valores y actuemos en consecuencia.

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