¡Es un gran ejemplo y es mexicana!

A veces resulta complicado tratar de comparar el futbol mexicano, sus jugadores y sus resultados a nivel local e internacional, con cualquier otro deporte de nuestro país.

A veces resulta complicado tratar de comparar el futbol mexicano, sus jugadores y sus resultados a nivel local e internacional, con cualquier otro deporte de nuestro país. La gran burbuja que envuelve al sin duda deporte más popular de México, hace parecer que después de él no existe nada más, cuando la realidad nos marca una realidad totalmente opuesta. Hoy los mexicanos deberíamos seguir festejando que contamos con la mejor clavadista del mundo. Lo que logró la sudcaliforniana Paola Espinosa al ganar la medalla de Oro en el Campeonato Mundial de Roma es una hazaña sin precedentes en la historia de este que es uno de los deportes más populares de nuestro país. Sin embargo, nuestra euforia no duró siquiera dos días completos. Y ni hablar, esa es una triste realidad (muchas culpa tenemos los medios de comunicación) a la que se tienen que enfrentar todos y todas aquellas que deciden hacer una vida en el deporte fuera del futbol.

El objetivo de este espacio no se trata de comparar al futbol, cuya naturaleza per sé no permite equipararlo con disciplinas como el Tae Kwon do, clavados, remo, boxeo, canotaje o ciclismo. Sería totalmente ociosa la comparación entre el futbol con las disciplinas donde México tiene campeones mundiales en deportes individuales. Está claro que nuestro ya innato sentimiento de frustración o insatisfacción en el deporte de la pelota y las patadas, a más de uno orilla a estar comparando el ORO alcanzado por Paola Espinosa en el Mundial de Roma o los títulos de Memo Pérez y Maria Espinoza, en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, con los resultados que a lo largo del tiempo ha alcanzado el futbol mexicano. Quién practica o ha practicado deporte, sabe que hay un universo de diferencia entre hacerlo de manera individual y dentro de un grupo de 20 0 25 integrantes y lo único que los equipara es el objetivo final, la victoria.

Los mexicanos somos poco afectos a reconocer lo que se hace bien en nuestra tierra y, por el contrario, es común manejar casos externos como ejemplo en diversos rubros; seguro cada uno tendrá más de un caso en sus respectivas actividades.

La selección juvenil que ganó el Mundial de Perú en el 2005 es, dentro de este deporte, un gran ejemplo. Pero hoy, el futbol mexicano, los integrantes de la selección nacional que enfrentará por la noche a Costa Rica en la semifinal de la Copa Oro y, en general, toda la estructura de este deporte y todos los mexicanos tenemos a una mexicana como el mejor ejemplo de lo hay que hacer para llegar al éxito Paola Espinosa, seguramente al igual que miles de niños y niñas en México, inició en su deporte antes de los 10 años en La Paz, Baja California Sur. Antes de los 15 años entendió que si quería llegar a lo que hoy es, LA MEJOR DEL MUNDO, tendría que sacrificar muchas cosas, incluida la vida familiar y su propia juventud. Decidió dejar su casa y las muchas o pocas comodidades que en ella podría tener para venir a la ciudad de México a vivir en un cuarto de 3 x 3 metros en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano. A partir de ese día que llegó a la capital mexicana, comenzó una vida que, para muchos de nosotros, en realidad no sería vida. No fiestas, no desveladas, desmañadas 6 días de la semana a las 6 de la mañana, entrenar, comer, dormir, entrenar, estudiar. DISCIPLINA, se llama. Imagínese usted hacer una misma actividad más de 300 o 400 veces una misma actividad al día. Son las veces que tira clavados en una jornada la campeona mundial. CONSTANCIA, se llama. Piense en que a los 16 años vive a 800 kilómetros de sus papás y sin dinero para verlos más de una vez al trimestre. Cuanto llanto, cuanta soledad, cuantas veces ganas de tirar la toalla y regresarse a su casa, el soportar los regaños, las lesiones, las envidias, las grillas. SACRIFICIO, se llama.

Más de 50 competencias internacionales en las que pese a su dedicación no ganó lugar en el podium. PACIENCIA, se llama.

Después de cada una se esas competencia, Paola regresó y sigue regresando al mismo cuarto y a las mismas instalaciones para tirarse un clavado más que el día anterior en busca de la perfección. MENTALIDAD, se llama.

El futbol y los clavados no tienen nada en común. Sería maravilloso que cada futbolista y cada mexicano tuviéramos las mismas virtudes que ha tenido Paola Espinosa para llegar a ser ¡LA MEJOR CLAVADISTA DEL MUNDO!

Y es, ¡ORGULLOSAMENTE MEXICANA! 

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