Dos semanas que acabaron con la leyenda del Tigre

Dos semanas le tomó a la prensa sensacionalista devorar al mejor golfista de la década y al más grande de nuestros tiempos.

Dos semanas bastaron. Dos semanas fueron suficientes para acabar con un nombre, una historia, la leyenda y su legado. Tal parece que dos semanas pueden borrar las hazañas, los Títulos, las marcas, los Campeonatos y todo lo hecho en el campo de juego. Sí, dos semanas le tomó a la prensa sensacionalista devorar al mejor golfista de la década y al más grande de nuestros tiempos. Dos semanas en las que el morbo quebró por completo la imagen de quien se ganó a pulso el primer puesto. Dos semanas, ni más ni menos. La primera noticia que llegó del sonado caso de Tiger Woods hablaba de un accidente automovilístico. La nota estalló la preocupación de muchos, aseguraban que Tiger había ingresado al hospital en estado de alta gravedad, y como cualquier historia donde la vida peligra, la reacción generalizada dejaba una extraña sensación de pérdida, confusión, asombro o duelo. En ese momento, lo que preocupaba era la salud del deportista, nadie imaginaba el tsunami mediático que se escondía tras los hechos.

Transcurría el día y la nota iba mutando poco a poco. Derrepente, se informaba que Woods abandonaba el hospital, que las heridas no eran de tal magnitud y que la salud del número uno no corría peligro. Después de todo, no era algo muy serio. Pero varios cabos quedaban sueltos, algo no cuadraba y la desinformación empezó a rondar por todo el medio. El insaciable olfato de quien busca la nota roja sabía que el morbo andaba suelto; un exquisito manjar para los tabloides sensacionalistas estaba por ser descubierto, el titular perfecto que vendería y llenaría los escaparates enteros. La pólvora de esta nota bomba explotaría en muy poco tiempo. Y así pasó. Una infidelidad amorosa cargada de rumores y especulaciones desnudaban a un Tiger Woods no tan perfecto. Esta provocativa historia significaba la carnada exacta para alinear la artillería sensacionalista hacia un combate mediático que no cesaría hasta terminar con el mejor golfista del momento. La prensa norteamericana no tardó en bombardear a la opinión pública con oscuras y tentadoras historias de amantes, llamadas secretas, mensajes de texto, mentiras, divorcio, lujuria, adulterio y cualquier cosa que despertara impacto y morbo, sin respeto o remordimientos. No importaba investigar y destapar al deportista fuera del campo de juego. No importaba violar su intimidad, su privacidad, ni su familia. Con tal de mantener vivo el escándalo del momento, no importaba nada. Y lo consiguieron. Tras dos semanas de interminable asedio, la imagen de Tiger Woods había sido desbaratada por completo, devoraron hasta el último pedazo de una jugosa historia que no se borrará en mucho tiempo. La gula sensacionalista se relamía los colmillos ante tal festín, al tiempo que el ídolo de la década se derrumbaba, caía simplemente deshecho. Y así, al cumplirse las dos semanas, Tiger anunciaba su retiro indefinido de los campos de golf ¿Quién soportaría tal bombardeo en tan poco tiempo?

No defiendo a Tiger Woods ni lo muestro como la víctima del cuento. No lo juzgo, porque por este tema no merece ser juzgado. No lo critico, porque esta vez no hablamos de un 'Major', un Campeonato, los golpes que le faltaron, o el excelente cierre en algún Torneo. No hablamos de su profesión, hablamos de un escándalo que cualquiera de nosotros pudiera haber hecho.

No me parece que la prensa tome este ángulo y este ruin camino para hablar de los hechos. Que deje a un lado su carácter meramente informativo para convertirse en un show de chismes, sospechas, mentiras y crueles juegos. Qué fácil es hablar por hablar y vender por vender. Qué fácil cuando no se trata de uno mismo.

Entiendo que el sensacionalismo y su nota amarilla son el cáncer inminente de nuestro medio. Entiendo que los deportistas son figuras públicas y como se dice, a esto pueden estar expuestos. Entiendo que la prensa del corazón venda millones al encontrar circos con tanto que cortar de por medio. No me parece, pero lo entiendo. Lo que no acepto, es que pseudo periodistas logren cambiarme la imagen del Tiger Woods que deleitó al mundo entero con su gran juego. 

Yo me quedo con el deportista que cambió la manera de ver el golf, el que acercó esta disciplina tan elitista a las masas, el que le dio una nueva cara y un nuevo reto. Me quedo con el Tiger que ha ganado cincuenta y seis Torneos profesionales en los últimos quince años, el mismo que conquistó catorce 'Majors', sí, catorce 'Majors'. Tres veces Campeón del Abierto Británico, Tetracampeón del Masters de Augusta, Tricampeón del Abierto de Estados Unidos y un sin fin de marcas y récords. El único que se ha mantenido en el primer lugar del ranking mundial por casi diez años.

Me quedo con sus valientes últimas rondas y sus brillantes remontadas para alzar, con tantos méritos, algún trofeo. Me quedo con el Woods que ha ganado el 30 por ciento de los torneos en los que ha participado, una cifra sin precedentes. Me quedo con el jugador que está a tan sólo cuatro Majors de igualar el récord del más grande de todos los tiempos, Jack Nicklaus, y eso que la carrera de Tiger sigue en ascenso. No dejaré que ensucien una trayectoria única, digna de reconocimiento.

 Simplemente, me quedo con el Tiger que juega excelente al golf, no el que ahora me venden los medios.

Y tú, ¿Con cuál Tiger te quedas?

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