¿Qué pasa con España?

La ola de triunfos españoles en el deporte mundial no surgió de la noche a la mañana. Lejos de generar envidia, la experiencia ibérica debe ser aprendida por nuestro país.

El deporte mundial se ha cubierto por una Furia Roja que no deja de sorprendernos. Y es que España ha acaparado todas las disciplinas y especialidades deportivas por diversas y opuestas que parezcan. Con el Título del Mundial en Sudáfrica, se dejó ver una hegemonía en la esfera deportiva que ya venía cocinándose con azafrán desde hace mucho tiempo. Los casos de éxito en el deporte español sobran en nuestros días. Al tiempo que Iniesta alzaba la Copa del Mundo en Johannesburgo, el tenista manacorí Rafael Nadal se alzaba Campeón indiscutible de Wimbledon, su octavo Grand Slam, consolidando el liderato mundial con un 2010 de ensueño en el que también se ha coronado en Roland Garros, Monte Carlo, Roma y Madrid. Días después, desde los pirineos suizos el ciclista madrileño Alberto Contador ya planeaba una estrategia letal para conquistar el Tricampeonato del Tour de Francia, mismo que sí consiguió.

Girando el compás, en tierras alemanas Fernando Alonso, quien ya carga con dos Títulos Mundiales en el 'Gran Circo', se coronó Campeón del Gran Premio teutón, confirmándose como el piloto principal de una de las Escuderías más emblemáticas de la Fórmula Uno, Ferrari. Por si no fuera poco, semanas antes el pivote catalán Pau Gasol se consagraba como pieza clave del Campeonato de los Lakers de Los Angeles en la NBA, una distinción que sólo reflejaba el Campeonato Mundial y Europeo que los ibéricos ya habían conquistado en el mismo año. Cambiando de latitudes, el golf mundial también conoció al joven maravilla Sergio García y el atletismo a la fascinante Marta Domínguez . Y así, pasando desde el waterpolo hasta el balonmano, los motivos para decir que España nos observa desde la cima del deporte mundial, sobran. Pero esta temida artillería ibérica no surgió de la noche a la mañana. Hace poco más de 30 años, España vivió una transformación social, política e ideológica que cimbró por completo al país entero. Con la muerte de la dictadura franquista y liberados de un oscuro yugo fascista, la sociedad española aprovechó una oportunidad inmejorable para establecer una planeación efectiva en todos los ámbitos que partiría desde cero, desde las raíces y cimientos. Una verdadera democracia quebrantó murallas y contagió una nueva cultura deportiva. Con una reorganizada distribución de los recuros e impuestos, los programas de seguridad social garantizaban planes deportivos y educativos para todas las masas, nadie estaba excluído. Con el paso de los años, la planeación deportiva a largo plazo ya era una realidad en la península con lo que todos los niños, sin importar su estatus social y económico, tenían acceso de manera gratuitas a instalaciones deportivas urbanas y rurales. Un nuevo semillero de deportistas y atletas se gestaba en cada rincón de las miles de albercas, canchas de tenis, futbol y basquetbol que fueron creadas.

Otro factor clave del auge del deporte español llegó con el fuego Olímpico de Barcelona 92'. La majestuosidad y color que España le imprimió a sus primeros Olímpicos no sólo dejaron como herencia una invaluable infraestructura deportiva que supo ser aprovechada al máximo, sino que también cosechó una nueva conciencia deportiva que venía de la mano de un nuevo proyecto deportivo a largo plazo y con la premisa firme de que cualquier disciplina podía tener un Campeón español. El plan estratégico se llevó al pie de la letra en cada entidad deportiva y la apuesta se reforzó con una inversión que no tardó en dar resultados. Con la mesa puesta, los españoles entendieron bien que tenían que diversificar la inversión de recursos y no concentrarlos sólo en el deporte más popular del país. Los complejos deportivos, los centros de alto rendimiento, las fuerzas básicas y la construcción de Estadios y Ligas no se limitaron al futbol; ésta creación de potencias deportivas redituaría al Estado y a la sociedad, el crecimiento sería redondo. Un país que hace tres décadas se encontraba partido entre la pobreza, la guerra y las huellas de una dictadura, ahora ya era una incipiente potencia que no tardaría en despertar.

Pero el verdadero mensaje que deja todo este moviemiento español se traduce en un modelo inteligente que debe ser aprendido por los países en desarrollo. Lejos de ser causa de envidia, en México debemos copiar lo mejor de esta manera de hacer deporte y deportistas de éxito. Urge un verdadero plan deportivo a largo plazo con metas y objetivos reales, medibles y cuantificables. No hay prisa, no se tiene que improvisar algo para los próximos Panamericanos, Centroamericanos u Olímpicos, se debe materializar un proyecto que integre todas las disciplinas y que inicie desde la infancia, sin marginar los rincones más pobres de la república y en donde impere la continuidad.

Que la Furia Roja que hoy roba las ocho columnas en cualquier parte del mundo, sea leída como una oportunidad única para todos los países que buscan convertirse en una potencia deportiva, que buscan partir de cero. Que el sueño que un día tuvo España de domar la cima mundial, despierte en una nueva conciencia deportiva en nuestro país. Hoy es el momento de España, ¿cuándo será el momento de México?

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas