Sólo para tus ojos

Dave Heeley es un ex vendedor de materiales para la construcción en West Bromwich, Inglaterra. Como a cualquier inglés cincuentón, a Dave le gusta beber de cerveza, salir a comer con su esposa y...

Dave Heeley es un ex vendedor de materiales para la construcción en West Bromwich, Inglaterra. Como a cualquier inglés cincuentón, a Dave le gusta beber de cerveza, salir a comer con su esposa y sus tres hijos, y dedicar una buena parte de su tiempo libre a correr maratones "con causa" junto a su amigo Malcolm.

Luego de terminar cinco veces el Maratón de Londres, y de concluir también el Maratón de Nueva York, Dave necesitaba un reto mayor, un desafío de gran impacto que le permitiera cumplir su misión personal y continuar recolectando fondos para las causas que impulsa, y por eso, se lanzó a una aventura descomunal, correr "The Seven Magnificent Marathons": siete maratones, en siete días, en siete continentes.

Cuando Malcolm, su compañero de carreras, se enteró de esto no le hizo mucha gracia. Además del esfuerzo devastador que supone correr 295 kilómetros en siete días, tendrían que someter sus cuerpos al terrible desgaste de los cambios de horario, clima, altitud, y a la descompensación corporal que provoca viajar en avión durante tantas horas. Sin embargo, Malcolm aceptó el reto y el 7 de abril emprendieron juntos el largo viaje.

Día 1: La primera escala fue Mount Pleasant, en la isla de Falkland, en la Antártica. Dave y Malcolm corrieron, con piernas frescas, algunos kilómetros escoltados por medio centenar de soldados que resguardan el Polo Sur, y terminaron los 42 kilómetros en 4:14 hrs.

Día 2: De la Antártica volaron a Río de Janeiro, Brasil, donde resintieron el drástico cambio de temperatura y se enfrentaron a altos niveles de humedad y lluvia. Terminaron el segundo maratón en 4:45 hrs, a 35 grados centígrados. Según Dave, la carrera fue devastadora.

Día 3: Luego de pasar casi doce horas metidos en un avión, llegaron a Los Ángeles, California, donde corrieron alrededor del Estadio Rose Bowl de Pasadena y fueron acompañados por treinta entusiastas maratonistas que los apoyaron en todo momento. Tiempo: 4:35 hrs.

Día 4: 17 horas de vuelo para llegar a Sydney, Australia, el cuarto continente de la ruta. Ahí corrieron alrededor del Parque del Centenario. Se les unieron algunos atletas con capacidades especiales y esa tarde, luego de 4:40 hrs, terminaron nadando en la playa.

Día 5: De Sydney volaron hasta Dubai, en Asia. Ahí enfrentaron casi 40 grados de temperatura, y en clima desértico completaron el quinto maratón en 4:55 hrs.

Día 6: Túnez era la penúltima escala. Los músculos de Dave y Malcolm gritaban de cansancio. Tuvieron que correr durante casi veinte kilómetros con el viento en contra y de subida. Para esos momentos, eran sólo la mente y el corazón lo que les impulsaba a seguir. Tiempo: 4:40 hrs.

Día 7: Última escala, de regreso a casa para el Maratón de Londres. Luego de darle la vuelta al mundo y de pasar tantas horas en aviones, Malcolm llegó con problemas estomacales y durante la carrera tuvieron que detenerse varias veces para ir al baño. Tardaron 5:23 horas en completarlo y así consumar la hazaña: siete maratones en siete días, en “siete continentes”, para un total de 295.3 kilómetros, y quien sabe cuántas ampollas, uñas negras, calambres, vómitos, y dolores más. Dave no pudo disfrutar ningún paisaje, ninguna ciudad de las que visitó. No pudo ver el Cristo de Corcovado en Río, ni lo glaciares de la Antártica; la bahía de Sydney ni los palacios de Dubai; las palmeras de California ni el desierto de Túnez; y mucho menos el rostro emocionado de su esposa y sus tres hijos cuando cayó en sus brazos apenas al cruzar la meta en Londres, porque Dave es ciego y Malcolm es su corredor guía. Sin embargo, logró que el mundo, o en este caso, algunos como yo, viéramos lo que llevamos tanto tiempo sin ver, aun cuando tenemos el don de la vista.

"Cada cinco segundos, alrededor del mundo, alguien pierde la vista. Y en muchos países, esas personas no cuentan con apoyo ni servicios adecuados para salir adelante. Tras haber quedado ciego en mi adolescencia, sé lo aterradora que la vida puede ser. He sido un afortunado de haber logrado transformar mi existencia gracias a tener un perro guía junto a mí todos estos años. Por eso estoy determinado a hacer una diferencia para los ciegos y débiles visuales de todo el mundo y a convencer a la gente de la importancia de apoyar esta causa", dijo Dave tras concluir su proeza y recaudar con su hazaña, un millón de libras esterlinas para la fundación que tanto apoya: "Guide dogs".

"Llevaré en mi corazón a cada persona que corrió junto a mí a lo largo de estos siete maratones, porque fueron ellos los que me dieron la fuerza adicional que necesitaba para mantener en movimiento mi exhausto cuerpo. Le he probado al mundo que estar ciego no es una barrera para alcanzar el desarrollo humano", concluyó Dave.

Si deseas conocer más sobre "Blind Dave" y su fundación entra a www.7mm.org.uk

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