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Lo asombroso te esperaLunes 11 de Agosto del 2008
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Pensé que lo había visto todo; al arquero iluminando con su flecha el cielo de Barcelona en 1992; a Muhammad Alí apareciendo por sorpresa para ganarle un round al mal de Parkinson y encender el pebetero de Atlanta 1996; a Cathy Freeman mezclar el fuego con el agua para darle vida a los Juegos de Sydney 2000; y luego vino el encendido de Atenas, tan clásico como predecible, un pebetero mecánico que se inclinó para encontrarse con el atleta, pero hasta ahí, nada más.
Hasta que el viernes por la noche tuve la oportunidad de volver a rendirme ante el asombro. Algo tan simple, un anhelo tan antiguo, una idea tantas veces soñada pero nunca consumada: ver a un hombre correr sobre las nubes, ver a un hombre surcar el cielo para encender el gran fuego de la tribu.
"¡Ven y asómbranos! ¡Ven y asómbrate!" reza uno de los lemas de la campaña promocional de los Juegos Olímpicos. Nada más preciso, nada más certero. Y es que podrán pasar los años, podrán cambiar los escenarios y las condiciones, pero este fabuloso movimiento vive por una cuestión primigenia capaz de trascender los tiempos: nuestra capacidad para asombrarnos una y otra vez por eventos tan simples, tan repetitivos, como ver a un hombre correr, apreciar a una mujer lanzarse al vacío, presenciar un enfrentamiento entre dos gladiadores, observar a un gigante arrojar su lanza...
Y es que este primitivo deseo por vernos saltar, nadar, correr, no terminará nunca mientras el hombre siga siendo hombre, mientras nos conectemos desde la emoción con ese chico que llora de alegría al escuchar su himno sobre el podio, o con esa chica que nos regala la sonrisa de su vida luego de conquistar un récord en la alberca.
Así funciona este fabuloso mundo de las historias, no necesitamos conocer a ese hombre que se ha machado las piernas sobre la bicicleta para compartir desde la distancia su emoción. "Samuel…¡Eres el mejor! ¡Eres el mejor! Y yo ya me siento mejor. Tengo ganas de abrazarte después de lo que hiciste. Esto es una proeza. Eres un héroe, un héroe…Eres muy bueno, muy bueno…Me emocionaste mucho, mucho, cuando llorabas tú, lloraba yo también…Te quiero mucho…", le dice un abuelo, por teléfono, a su nieto, un anciano de 88 años al que se le han muerto la mujer y tres de sus hijos, pero que todavía es capaz de emocionarse hasta las lágrimas cuando ve a su nieto, Samuel Sánchez, ganar la Medalla de Oro para España en el ciclismo.
Y como te decía, no hace falta conocer al personaje para que nos cautive su historia, no hace falta ser del mismo lugar para que nos sobrecoja la emoción. Así funciona este maravilloso reality show que hoy tiene conectados a mil millones de personas.
El domingo tuve el privilegio de ver en el "Cubo de Agua", la gran alberca de Beijing 2008, una de las carreras más memorables en la historia de la natación: el relevo 4x100 libre. Y una vez más, no hizo falta tener raíces francesas o estadounidenses para dejarse atrapar por el pasmo que supuso ver a Jason Lezak, un gran velocista que le ha tocado el infortunio de vivir un tiempo de fenómenos de la natación, hacer la competencia de su vida para mantener viva la esperanza de Michael Phelps de ganar ocho medallas de Oro. Cuando el francés Alain Bernard, un nadador bestial, se enfilaba a ganar el relevo, y todo parecía perdido para el equipo estadounidense, Lezak sacó fuerzas de esa víscera que distingue a los héroes, para vencerlo en los últimos cinco metros con una serie de brazadas tan salvajes como desesperadas, y reivindicar así el poderío histórico de Estados Unidos dentro de la alberca. Fue un instante místico, un momento extático, un evento luminoso y revelador, algo sólo posible dentro del inmemorial escenario olímpico.
Por eso, cada cuatro años, aunque uno piense que ya lo ha visto todo, pase lo que pase, vengamos de dónde vengamos, una quinta parte de la humanidad nos conectamos en torno al Olimpismo, ese movimiento capaz de sacar lo mejor de todos nosotros, esa fuerza que lleva a los hombres a lograr hazañas imposibles, esa dimensión donde lo asombroso siempre nos espera.
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