Última ovación a mis héroes

Vivir para siempre. Todos quisiéramos poder vivir para siempre; que nunca olvidaran nuestros nombres, que siempre recordaran nuestra historia. Por eso quiero que escuches algo. Quiero que abras...

Vivir para siempre. Todos quisiéramos poder vivir para siempre; que nunca olvidaran nuestros nombres, que siempre recordaran nuestra historia. Por eso quiero que escuches algo. Quiero que abras bien los ojos y que pongas mucha atención. Escucha. Siente la magia, percibe la energía que provoca una hazaña, el clamor que genera una victoria. Ahí está…Sí, ahí está: sueños e historias, coraje, compañerismo, determinación…¿Cuántos partidos? ¿Cuántas carreras? ¿Cuántos saltos? ¿Cuántos combates? ¿Cuánta emoción?  ¿Y sabes porque te pido que escuches? Porque llegó el momento de despedirme de mis héroes.

Porque como alguna vez te lo dije, tú habrás de saber que mis héroes no tienen poderes mágicos, más bien se entrenan todos los días.

Mis héroes no están en los comics ni en las películas, viven aquí, en los estadios, y en las piscinas.

Mis héroes no usan capas ni máscaras, sino tenis, licras, trajes de baño y camisetas con números.

Mis héroes no luchan por la justicia ni contra la maldad, lo hacen contra el tiempo, contra el viento, contra la gravedad.

Mis héroes no tienen enemigos, solo adversarios a quienes aplauden en la victoria y honran en la derrota.

Mis héroes no rescatan ciudades, no salvan al planeta, mas bien inspiran a las personas comunes a lograr cosas extraordinarias.

¿Y sabes porque? Porque mis héroes son atletas. Son personas normales que se han construido historias descomunales, chicos y chicas que van más allá de sus límites, hombres y mujeres que mueven el mundo hacia adelante y que por ello provocan que me sienta mejor.

Por eso, hoy quiero despedirme de mis héroes. Y lo hago por la sencilla razón de que ellos son quienes siempre he querido ser; son capaces de soñar en grande, de protagonizar historias descomunales y de vivir victorias imposibles. Porque aquí, en esta tierra de héroes y leyendas, he visto a más de uno levantarse sobre el dolor. Aquí existen la epopeya y los relatos con final feliz; aquí existen los sueños cumplidos y los cuentos reales; aquí ocurre, si créemelo, aquí ocurre la vieja historia del chico de provincia que un día gana una Medalla para su país. Yo lo he visto, yo te lo puedo decir.

Porque aquí, en este fabuloso mundo, hay hombres y mujeres que vuelan como pájaros y saltan como duendes. Aquí hay enanos que se burlan de todos sus rivales, hay debiluchos que ganan campeonatos, hay chicas de piernas flacas que corren como el viento, hay tipos raros que desafían sus límites.

Por eso, sonríe, llego el momento, es hoy.

Sonríe, porque eso es lo único que ellos querían, que sonrieras como lo haces ahora, igual que esta noche lo hace el mundo.

Sonríe como lo hago yo, que he tenido la fortuna de relatarte esta maravillosa historia y que esta noche me despido con mil recuerdos de Beijing.

Sonríe igual que Paola y que Tatiana, igual que Guillermo y María.

Sonríe porque en cuatro años, todos, tú y yo, volveremos a encontrarnos, en Londres, en esta vieja isla, cuando el ciclo se cumpla, y el fuego renazca, y lo haremos dispuestos a saludar a nuestros héroes, ansiosos de evocar sus leyendas, alegres de recordar Beijing.

Vivir para siempre, todos quisiéramos poder vivir para siempre; por eso hoy dedico mi última ovación a mis héroes, esos hombres y mujeres que durante 17 días me llenaron el corazón de hazañas, y que harán inolvidable este verano en Beijing.

Sonríe, porque eso es lo que deseaban ellos.

Sonríe, porque ellos, nuestros Campeones, vivirán para siempre.

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