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El regreso de los titanesMartes 2 de Diciembre del 2008
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¿Qué es lo que lo que ocurre en el corazón de un atleta en retiro que un buen día decide volver a la actividad profesional? ¿Qué es lo que impulsa a un deportista millonario a someterse de nuevo a los rigores del alto rendimiento cuando podría pasar su tiempo asoleándose en la cubierta de un yate? ¿Qué fuerza interior es la que empuja a ese campeón jubilado, que lo ha ganado todo, a competir contra un pelotón de veinteañeros hambrientos? ¿Es la adicción al triunfo? ¿Es la ambición de fama? ¿Es el dinero? ¿Es la gente que acude a los estadios? ¿Es el deporte por si mismo?
La verdad es que entre más ocurre, más me intriga.
Esta mañana escuché a Oscar de la Hoya decir que luego de 16 años de carrera, ha regresado al boxeo para pelear contra el filipino Manny Pacquiao porque ama el olor de los gimnasios, porque adora la sensaciones de su cuerpo tras los entrenamientos, porque ama su deporte desde que era un niño y sobretodo porque lo que hace, lo hace muy bien. Es innegable que hay muchos dólares de por medio, pero estoy seguro que para que un millonario soporte los brutales rigores de entrenamiento a los que se somete un boxeador, y además esté dispuesto a subirse a un cuadrilátero a darse de golpes, debe haber mucho más que dinero. Yo creo que en el fondo lo que persiste es la pura pasión, o como dice De la Hoya: "una pasión pura".
Coincidentemente, Lance Armstrong comenzó hoy sus entrenamientos de Pretemporada en Tenerife con el objetivo de correr el próximo Tour de Francia, esa prueba devastadora, tras dos años de retiro. Y para confirmar esta ilusionante tendencia, hoy también me enteré de que otro atleta portentoso, Pete Sampras, vuelve a las canchas profesionales a los de edad, tras haber ganado 14 títulos de Grand Slam.
Y como ellos, sobran ejemplos de grandes deportistas que un buen día mandan el demonio la comodidad del retiro y regresan al punto de partida, a ese lugar donde se corren los riesgos, donde habita el gran misterio.
Hace un par de meses, Raúl Alcalá, el ciclista más glorioso que ha tenido México, ganador de dos etapas del Tour de Francia, volvió a las carreteras para competir en la Vuelta a Chihuahua; mientras que en el béisbol, la Liga Mexicana del Pacífico ve a Fernando Valenzuela, Vinicio Castilla, y un puñado de figuras de antaño, regresar a los diamantes cada invierno para oler de nuevo el aroma del pasto recién cortado y escuchar el zumbido de la pelota. Me queda claro, que ninguno de ellos se propone hacer historia, porque ésa ya la hicieron, simplemente van a darse el lujo de disfrutar del juego, porque sólo tipos como ellos, pueden dárselo.
Hay quienes, ante estas fabulosas historias, repiten frases hechas sin pensar: "Hay que saberse retirar", dicen; "hay que irse en buen momento", "no hay que arrastrar el prestigio", espetan; y la verdad es que yo no pienso así. Cada vez que me entero de que uno de estos titanes decide volver a su deporte, recuerdo aquella frase de César Luis Menotti: "el futbol es sólo un pretexto para ser feliz".
Por eso, te pregunto: ¿Quiénes somos para negarles a monstruos como estos la posibilidad de seguir disfrutando de su juego? ¿Quiénes somos para impedir que atletas de esta estirpe continúen ejerciendo su gran pasión? ¿Por qué los criticamos cuando lo único que quieren es ser felices? Oscar, Lance, Pete, Raúl, Fernando, Vinicio…Cuenten conmigo, yo estaré ahí, dispuesto para volver a pagar un boleto.
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