Con una medalla en los puños

Algo tendrá el boxeo que fascina a los mexicanos; algo tendrá que lo hace irresistible. Deporte de barrios bravos y supervivencia urbana

Para Joaquín Rocha y Juan Paredes, medallistas olímpicos mexicanos. “No debes tener miedo, porque de lo que se trata de es de sobrevivir. Y no siempre lo hace el más fuerte, a veces es el más listo, el más astuto. Gana el que pudo adelantarse a las consecuencias, como en la vida”, le dijo el “Sarampión”, el manager, a su pupilo, el “Baby” Cifuentes, en la premiada novela de Pedro Ángel Palau: “Con la muerte en los puños”.      A lo largo del descarnado relato, Palau nos lleva por la vida de un ex-campeón de peso welter, que lo único que -verdaderamente- aprendió a hacer, fue jugarse la vida a golpes. Y lo que dice el “Sarampión” es muy cierto, en el boxeo -particularmente en el pugilato olímpico-, no siempre gana el que tiene más talento. En muchas ocasiones, triunfa, trasciende, sobrevive aquel que fue capaz de dominar su propio miedo, ése joven hambriento y desesperado, que en la vida ya lo había perdido todo, y quien -desde que se subió al ring- estaba dispuesto a morirse. Algo tendrá el boxeo que fascina a los mexicanos; algo tendrá que lo hace irresistible. Deporte de barrios bravos y supervivencia urbana. Oficio que recoge a los desarraigados, y alternativa para los que no tienen nada. Con toda su crudeza, con toda su crueldad, el boxeo es -hasta hoy- el deporte que más medallas olímpicas le ha dado a México con un total de 12. De hecho, la primera medalla oficial que logró una Delegación Mexicana en la historia olímpica, llegó gracias a los puños de Francisco Cabañas, un joven capitalino que trabajaba en la tienda de abarrotes de su familia, quién conquistó a golpes la presea de plata en Los Ángeles 1932. Cuatro años después fue otro capitalino, Fidel Ortíz quien logró la medalla de bronce en boxeo en los juegos de Berlín 1936. Ortíz triunfaría en la misma categoría que Cabañas, la de los 50 kilogramos. El pugilato ofrendaría otra presea hasta Tokio 1964, cuando Juan Fabila, también del Distrito Federal, conquistó el bronce en la categoría de -54 kilogramos. A partir de esos juegos, el boxeo mexicano se convertiría en un ganador habitual de preseas olímpicas. En México ´68 fueron cuatro las medallas que entregó entrañable deporte: los oros de Ricardo Delgado (-51kgs,) y Antonio Roldán (-57 kgs.), así como los bronces de Agustín Zaragoza (-75kgs.) y Joaquín Rocha (+81 kgs.). Para Munich ´72, fue Alfonso Zamora quien ganó la única medalla en esos juegos, plata en -54 kilogramos. Para Montreal 76, el boxeo dio la cara -nuevamente por México- gracias a la valentía de Juan Paredes, bronce en -57 kgs. El boxeo mexicano reapareció como medallista olímpico en Los Ángeles 1984 gracias al esfuerzo de Héctor López (fallecido recientemente), quien nació en el Distrito Federal pero se fue a vivir a Glendale, California, desde los siete años de edad. Fue López, a quien apodaban “Huracán”, quien se colgó la medalla de plata (-54 kgs.). Para Seúl 1988 fue el poblano Mario González el que mantuvo el nivel siempre competitivo de los pugilistas nacionales al quedarse con el bronce (-51kgs.).   Sin embargo, en la década de los 90´s comenzó a disminuir el nivel del boxeo amateur mexicano. No hubo medallas ni en Barcelona 92 ni en Atlanta 96. Y fue en Sydney 2000 cuando el chihuahuense, Cristian Bejarano, conquistó la última medalla que hemos celebrado en el boxeo, aquel bronce en la categoría de hasta 60 kilogramos. Desde aquella noche en la bahía de Darling Harbour, el pugilato amateur nacional no ha encontrado a otro medallista que extienda esta gran tradición olímpica. Por los últimos equipos olímpicos de boxeo han pasado jóvenes de condiciones destacadas como Ábner Mares, quien se mantiene invicto tras 22 peleas profesionales, y que fue parte de aquella malograda selección que fracasó en Atenas 2004 (de los cinco boxeadores que asistieron, cuatro fueron eliminados en su primera pelea, y uno más, Raúl Castañeda, perdió en la segunda).     México envió tres boxeadores a Beijing 2008: Oscar Valdez (17 años), Arturo Santos y Francisco Vargas. Valdez cayó en la primera ronda; Vargas fue eliminado tras su segundo combate; mientras que Santos llegó hasta los cuartos de final, la antesala de la medalla, donde perdió.   Londres 2012 verá de nueva cuenta a Oscar Valdez subir al ring a disputar una medalla. Este joven sonorense llegará con cuatro años más de experiencia y con la confianza de haber sido medallista de bronce en el Campeonato Mundial de Boxeo Amateur en el 2009 y subcampeón Panamericano en Guadalajara 2011. Valdez tratará de ser digno heredero de otros inolvidables pesos pluma que ganaron preseas olímpicas para México: Antonio Roldán y Juan Paredes. Ojalá que Oscar pueda colocar -otra vez- al boxeo mexicano en un podio olímpico. "Tienes lo que hace falta, buenas piernas. Con esos dos troncos puedes llegar lejos, muchacho. Pero aprende de una buena vez la regla de oro del boxeo: nunca tengas miedo. O mejor, sólo ten miedo de sentir miedo. ¿Me entiendes cabrón?”, le dijo el “Sarampión” al “Baby” Cifuentes”, el día que se convirtió en su manager. *Te invito a seguirme en Twitter: Antonio_Rosiques

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