'Las costuras de la fe'

"Hay dos formas para cachar la 'bola de nudillos'... Desafortunadamente, ninguna de las dos funciona".

“Hay dos formas para cachar la ‘bola de nudillos’... Desafortunadamente, ninguna de las dos funciona”. La última semana, mientras cruzaba de costa a costa los Estados Unidos, compré “Wherever I wind Up”, el libro que relata la historia de R.A. Dickey, actual pitcher de los Azulejos de Toronto y ganador del trofeo “Cy Young” 2012, que anualmente se entrega al mejor lanzador de cada liga en las Mayores (Fernando Valenzuela lo ganó en 1981). Dickey es el último gran “nudillero” de las Grandes Ligas, es decir, uno de esos tipos raros que hacen las cosas que nadie quiere hacer; porque lanzar la bola de “nudillos” es como especializarse en patear penales al estilo “Panenka”. Se trata de un lanzamiento que saca de quicio a los bateadores: es una bola que se toma con la uñas de los dedos índice y medio y que, al llevar una “rotación” mínima, casi nula, y poca fuerza, se mueve como si fuera una “mariposa” en su camino hacia la goma. Mientras el béisbol contemporáneo está obsesionado con la velocidad (si tu “recta” promedia menos de 92 millas por hora, estás en problemas), los contadísimos “nudilleros” que andan por ahí son vistos como “bichos raros”, personajes que van en sentido contrario al resto de los lanzadores.  

Pues resulta que, luego de pasar 14 años yendo y viniendo de las ligas menores, sufrir para pagar las cuentas, y cambiar de ciudad de residencia 31 ocasiones, R.A. Dickey, un chico que provenía de una familia pobre y disfuncional de Nashville, Tennessee (su abuelo y su madre eran alcohólicos), logró triunfar en las Grandes Ligas gracias a ese extravagante lanzamiento, esa rareza que muy pocos pitchers, logran dominar.

El punto de quiebre en la carrera de Dickey llegó cuando aceptó la propuesta del inolvidable Orel Hershiser, su coach de pitcheo en los Rangers de Texas, y se convirtió en “nudillero” de tiempo completo (antes Dickey era un lanzador convencional: recta, curva, sinker, cambio, y ocasionalmente lanzaba la “bola de nudillos”.). Con 28 años de edad, tres hijos y una historia personal tormentosa (marcada por abusos sexuales cuando era niño), la transformación suponía la última oportunidad de Dickey para establecerse como lanzador en las Grandes Ligas.

Tras muchas frustraciones (incluyendo numerosas palizas y un juego donde le pegaron seis jonrones en cuatro entradas, un récord del siglo XX para las Grandes Ligas) Dickey buscó el consejo de dos de los “nudilleros” más exitosos en la historia del juego: Phil Niekro, miembro del Salón de la Fama, y Charlie Hough, quien lanzó durante 24 temporadas en las Mayores, tipos que gracias a la “bola de nudillos”, alargaron su carrera por encima del promedio y ganaron más 130 juegos, cada uno, tras cumplir 34 años. “Los “nudilleros” no guardamos secretos. Es como si tuviéramos una misión que va más allá de nuestra propia fortuna; y nuestra misión es transferir ese conocimiento para mantener vivo el lanzamiento. Tal vez esto sucede porque somos pitchers muy distintos a los demás y porque la pitchada es extraordinaria, pero creo que tiene más que ver porque recurrimos a ese lanzamiento como un acto de desesperación para tratar de salvar nuestras carreras”, cuenta R.A.  

La transición fue frustante y dolorosa. Por cada buena actuación que realizaba, Dickey era apaleado dos o tres veces. Cuando parecía que la carrera de R.A. estaba al borde de un precipicio, el protagonista de la historia recibió una “señal” de vida cuando estaba a punto de ahogarse en el río Missouri, una “llamada de Dios” para los creyentes (Dickey es un fervoroso cristiano). A partir de ese momento, R.A. comenzó a verse de una manera distinta y aceptar el “plan que tenía Dios para él”, fuese el que fuese.

Con base en una visión distinta de sí mismo y de la vida, R.A. empezó a dominar bateadores con regularidad. Así, en el 2011 y con 35 años de edad, R.A. firmó un contrato de dos años con los Mets de Nueva York, con lo que consiguió una seguridad salarial que no había tenido tras 14 años como profesional. Una temporada después, Dickey tuvo el año de su vida al ganar 20 juegos con los Mets de Nueva York y recibir el trofeo “CY Young”.

“Wherever I wind Up” es un libro inspirador sobre un hombre que superó obstáculos extraordinarios dentro y fuera del béisbol. Se trata de una historia de fe, tenacidad, humildad, aceptación personal, y perdón. “Una búsqueda de la verdad interior, autenticidad y la ‘bola de nudillos’ perfecta”, tal y como reza en la portada.

"Tengo una gran memoria y soy capaz de recordar muchos detalles. Nunca estaré en el Salón de la Fama; nunca seré líder de ponches de la liga; jamás entraré al ‘club’ de las 300 victorias; pero mi memoria, esa la puedo poner a competir con la de cualquiera”, dice R.A.Dickey, en la primera página de su libro. “Puedes pegarme un hit, puedes botarme la pelota del campo, puedes hacerme muchas carreras; pero siempre estaré ahí para intentarlo de nuevo y lanzarte otra pelota con toda mi fe”.    *Si quieres conocer más de la historia de R.A.Dickey visita te dejo este video: https://www.youtube.com/watch?v=7PlQWnotC4Y *Te invito a que nos encontremos en Twitter: Antonio_Rosique y en Facebook: Antonio Rosique / Descarga Adrenalina. *Te invito a conocer las historias de otros atletas que alcanzaron la elite de su deporte en mi último proyecto:www.pelotapimienta.mx

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