Rosique

Luis Rivera: el 'Gato salvaje'

Miércoles 21 de Agosto del 2013



“Si pasa por tu mente, pasa por tu vida”, me dijo hace unas semanas Luis Rivera, nuestro nuevo medallista de bronce en el Mundial de Atletismo IAAF. Esa es la frase que todos los días repite en su mente este admirable joven sonorense que se ha propuesto ser el mejor saltador de longitud del mundo, objetivo que no tiene miedo a expresar.

Pero lo que más me gustó de la historia de Luis Rivera es que hace apenas cinco años, el anhelo olímpico era una cuestión secundaria. Para Luis, el atletismo fue inicialmente un hermoso vehículo para soñar con otras cosas: estudiar en Estados Unidos, aspirar a una beca universitaria, conocer el mundo...

La transformación en “Wildcat”.

Fue el salto de longitud el que le permitió obtener una beca para estudiar en la Universidad de Arizona en Tucson. Durante cinco años compitió para los “Wildcats”, el mismo equipo universitario con el que Lorena Ochoa estableció récords fabulosos dentro del golf, y al que han pertenecido medallistas olímpicos de todo el mundo como las nadadoras estadounidenses Amanda Beard y Amy Van Dyken, el Campeón Olímpico sudafricano Ryk Neethling, Michael Bates, ganador del bronce Olímpico en los 200 metros planos y 5 veces Seleccionado para el Pro Bowl de la NFL, la legendaria golfista sueca Annika Sorenstam, Steve Kerr, cinco veces Campeón de la NBA, entre muchos otros atletas de clase mundial.

El reto olímpico.

Formar parte de esa cultura del triunfo le permitió a Luis expresar su potencial atlético y competitivo. Sin embargo, fue hasta el 2008, a los 21 años, tras quedarse a 30 centímetros de la marca para calificar a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, cuando Luis decidió enfocarse aún más en su carrera como saltador. Fue ahí cuando se convenció que podía ser mucho más que sólo un destacado saltador universitario, y que podía convertirse en un atleta profesional.

Tras terminar su carrera en la Universidad de Arizona, Luis apostó por el Tec de Monterrey para estudiar ahí, primero una maestría, luego un doctorado en Ciencias de la Ingeniería y, a la vez, entrenarse para asistir a sus primeros Juegos Olímpicos. Fue así como el 3 de agosto de 2012 en Londres, Luis cumplió aquel sueño de competir junto a los mejores. Aunque no calificó a la Final, Luis experimentó lo que era enfrentarse a un Estadio con 80 mil personas rugiendo en cada uno de tus saltos.

Un ídolo: “el hijo del viento” .

“Mi ídolo en el salto de longitud es Carl Lewis, es el mejor saltador de la historia. Fue cuatro veces consecutivas Campeón Olímpico entre 1984 y Atlanta 1996. Sé que no tengo su velocidad ni su zancada, pero -a mi manera- yo también quiero ser el mejor saltador del mundo”, me dijo Luis, totalmente convencido de que el apasionado esfuerzo que realiza todos los días, levantándose a las seis de la mañana para irse a entrenar al Estadio Tecnológico de Monterrey, en jornadas de entrenamiento que terminan a las dos de la tarde.    

Sonora: Fábrica de Campeones.

Luis Rivera es además un explorador, un aventurero, porque en su disciplina no tiene referentes en México. Los clavadistas, marchistas o los boxeadores, tienen la ventaja de que miran hacia el pasado y encuentran una inspiradora colección de medallistas olímpicos que les han antecedido, pero en el caso de Luis no hay un legado que recoger dentro del salto de longitud.

Sin embargo, Luis sabe que su estado, Sonora, ha ofrecido a México una docena de atletas descomunales, campeones fabulosos quienes, igual que él, han sido pioneros ejemplares: Ana Gabriela Guevara (400 mts., Nogales), Alejandro Cárdenas (400 mts., Hermosillo), Fernando Valenzuela (pitcher, Etchohoaquila), Benjamín “Cananea” Reyes (manager, Nacozari), Elmer Dessens (Pitcher, Hermosillo), José Luis Ramírez (boxeador, Huatabampo), Julio César Chávez (boxeador, Ciudad Obregón), Karim García (Ciudad Obregón), Alfredo Aceves (pitcher, San Luis Río Colorado), entre otros.

Luis Rivera es un eslabón más de una estirpe de atletas triunfales, medallistas olímpicos, campeones del mundo en el boxeo, peloteros de Grandes Ligas. Es de esa raza que intimida por su ambición de horizontes de donde ha surgido la última gran figura del deporte mexicano. Tal parece que tenemos por delante, años muy emocionantes, veranos llenos de saltos y vuelos, metros y arena, porque este sonorense ya está provocando que millones de mexicanos empecemos a hablar, de forma cotidiana, de la “barrera de los 8.50 metros”, “despegues” y “aterrizajes”.

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