Las realidades ajenas

¡Bienvenidos, bienvenidos! Al gigante mundo de lo ajeno.

¡Bienvenidos, bienvenidos! Al gigante mundo de lo ajeno.

Salir corriendo para seducir al enemigo es un supuesto de imaginación que crece cada que te acercas a él. Jamás ves su espalda, ni el número del dorsal. Los ojos sudorosos evitan una nítida óptica del soneto que tu cabeza trae antes de entrar en las diagonales.

Salir corriendo para engañar al enemigo después de una larga patada que nuble el crisol de los amplios matices de los diferentes Condados que sientan sus tradiciones más allá de sus legados.

Salir corriendo para mostrar la rareza de las estadísticas, de los visionarios que argumenten los escrúpulos sin morfina, sin sedante, sin anfetamina, sin dosis nerviosa. Ahí jamás ves el horizonte agachado. La columna pesa el doble, pero el orgullo se infla para derribarlo.

Salir corriendo para ser un ente primitivo que traduzca la territorialidad a través de pasmos del sollozo, cada que en tu vetusta edad recuerdes que eras un gigante, un atrabancado de las murallas humanas contraídas para defender los escudos que representen a la fauna y a los símbolos de la potencia mundial gringa.

Salir corriendo para ser vistos por el monitor que enrolle a través de teletransportaciones al vidente que espera los domingos al mediodía, a la hora de la comida, al primer time dominical y los lunes por la noche la gran diversión de las gigantes salchichas, de los grandes trozos de carne grasosa entablada en pedazos de trigo con ajonjolí para crear ritualidades.

Salir corriendo para derribar al que se ponga enfrente por placer, por millones de dólares, por aficionados desvestidos y tatuados con la espiritualidad de escapar de las realidades cotidianas. Olvidar el mal sexo de la semana para sentirse ajeno, para sentirse fuerte, para gozar el emparrillado.

Salir corriendo con los deseos puestos cada que el otoño se ve cerca hasta el clímax del invierno para capturarlos atrás de la línea de golpeo, para besarles el trasero cada que ves encima a las cocinas que te sobrepasan con sus límites para detenerlos, para evitar su prosapia tochera. Tomar la decisión correcta alzando la mirada en milésimas de segundos por un suspiro que te dé la diferencia de haber ganado, de haber lanzado el ovoide a los números del receptor.

Salir corriendo para sentir que este fin de semana empieza uno de los rituales humanos que más disfruta el espectador deportivo. Ahí estamos nosotros los mexicanos defendiendo un deporte y a equipos que no nos representan, que jamás, ni haciendo una gran pre-temporada estaremos ahí en los juegos oficiales como tacles y odiando las cervezas gabachas. Pero ahí nos entendemos unos cuantos para adentrarnos a esos mundos de gigantes ajenos. Ahí estamos para disfrutar de esas realidades ajenas.

La Barra 90.9 sábados 1pm en la ciudad de México 90.9 fm. Para todo el cibermundo www.ibero909radio.com. Porque no todos escuchamos lo mismo.

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