Predicciones emparrilladas

Inicia el año y los poderosos duelos de comodines y como postre del segundo semestre que pasó intenso de partidos. Aquí llega la post Temporada del mejor emparrillado del mundo: la NFL.

Inicia el año y los poderosos duelos de comodines y como postre del segundo semestre que pasó intenso de partidos. Aquí llega la post Temporada del mejor emparrillado del mundo: la NFL.

Una idea del sueño que tuve anoche, con algo de fiebre y de nudos en mis nervios por mi pasado de estúpidas franquezas y sazones de amores cocidos en pavos cachetones y mucho bacalao. Confieso, ando más tranquilo y sediento de trabajar en lo que me gusta.  

¡Bienvenidos, bienvenidos! A los pronósticos narrativos de mis electrizantes desvelos soñando que soy, Tony Romo (con todo y el despertar alado de Jessica Simpson, ¡uff!), llego a la Final el 3 de Febrero al Estadio de la Universidad de Phoenix y todo el mundo me ve, espera que lleve a la gran estrella a ser el mejor equipo en trofeos ganados y superando a una de las mejores dinastías de todas las eras, a esos agigantados y casi perfectos Pats.

El camino fue largo, ya que sin mi compañero y el terror de los linieros defensivos, el señor Owens, fue difícil despachar a Tampa Bay que había vencido a los Gigantes de New York. De ahí el Estadio Texas era un solo grito, enfrente la resurrección de un Gigante de los tiempos, un hombre que sabe que ser empacador es triunfar, su filosofía sabe que es lo único, la victoria, porque así lo dictó Lombardi. Brett Favre me encaró y me dijo que era momento de recordar las batallas finales de conferencia de los años 90. Me preguntaba cómo era posible que doce años más tarde este tipo siga de pie liderando a Green Bay que había barrido a los pobres Halcones Marinos de Seattle que no mostraron nada en los Playoffs, ni cuando eliminaron a los Pieles Rojas de Washington. En fin, mi gente esperaba que saliera airoso. Así lo hice. Pasé por todas las pruebas.

Ahora era turno del gigante de la década, casi invencibles y con un paso irreconocible para las épocas de competitividad en la que vivimos. Despedazaron a los Acereros con todo y su Big Ben, que por cierto dio una cátedra de templanza contra los Jaguares de Jacksonville. San Diego echó fuera a los Titanes de Tennessee y ahí Peyton Maning ilusionó a todos con un partidazo y una vapuleada para tratar de asustar a lo Patriotas. Pero el orgullo patriotero y el recuerdo de esta franquicia que saboreó las mieles, paradójicamente después de las torres caídas del 11 de Septiembre, seguía intacto y la venganza del año pasado era hora de que la cobraran.

En el estadio de la rasuradora más al ras (Gillette Stadium de Foxboro), consiguieron un nuevo triunfo, histórico y legendario su pase para vernos las caras en la Final. El mejor de los años 90 contra el del nuevo siglo.

Todo era como se había anticipado. Dos grandes equipos de convocatoria nacional e internacional con mancuernas indomables: Romo-Owens; Brady- Moss. Ahí respiraba con calma, pero mi nerviosismo estaba a flor de piel. ¡Cómo no!, si podía sentir todas las pantallas encendidas en un súper domingo. Mi novia Jessy me daba el beso de la buena suerte y…

Era hora de despertar, nada había sido real, más que el anhelo subjetivo tratando de ser objetivo de que en Arizona retumbe una de las mejores finales de la historia, aunque en el papel nadie tiene los atributos para vencer a Nueva Inglaterra. "It´s Showtime" Es hora de vivir la era del hielo más bonita del año, cada que intentamos las predicciones del emparrillado.

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