Armstrong, el 'Bernard Madoff' del deporte

Lo ocurrido con Lance Armstrong deberá mover los cimientos no sólo del ciclismo, deporte que tendría que replantarse por completo ante el grotesco abuso de sustancias prohibidas.

Lo ocurrido con Lance Armstrong deberá mover los cimientos no sólo del ciclismo, deporte que tendría que replantarse por completo ante el grotesco abuso de sustancias prohibidas que acusan  buena parte de los profesionales de esa actividad, sino de todo el deporte en general. Las sospechas se convirtieron en certeza plena y borran del mapa cualquier pizca de admiración que hayamos podido sentir por uno de los deportistas más emblemáticos y admirados de todos los tiempos. Un ejemplo de vida se convirtió, a la luz irrefutable de la verdad, en uno de los mayores fiascos de la historia. Ese hombre que en su momento le vendió al deporte y al mundo un mensaje maravilloso de superación y fortaleza, hoy es algo así como una escoria humana, pues se ha comprobado como uno de los peores defraudadores de la historia, el tramposo por excelencia que se las ingenió para hacerse pasar por divinidad del deporte mientras hacía del doping un arte sistemáticamente indescifrable, al que la resolución de la USADA (Agencia Antidopaje de los Estados Unidos) calificó como “El sistema más sofisticado, profesionalizado y exitoso de dopaje que el deporte jamás ha visto”. La decisión de arrebatarle sus siete títulos del Tour de Francia parece insuficiente. Borrarlo del mapa del ciclismo no basta para limpiar al deporte de la ruina. En todos estos años Lance lucró con drogas, engañó al deporte y la sociedad, hizo trampa, cobró por una falsa imagen publicitaria, y hasta escudó su reputación en fundaciones que seguramente tuvieron una buena causa, pero que también han quedado manchadas por la reputación que durante todos estos años las hizo rentables. Las investigaciones deben esclarecer el caso hasta las últimas consecuencias. Tal vez Armstrong merezca un final como el del estafador Bernard Madoff, quien paga en prisión una condena de 150 años tras habérsele comprobado una estafa descomunal. Antes de detectarse sus gigantescos desfalcos, Madoff también se labró una fama de “filántropo” y supo verle la cara no sólo a bancos e inversionistas, sino a fundaciones y almas “caritativas”. Con Armstrong, seguramente la cuantía de las ganancias que facturó dolosamente no son tan importantes, pero ese supuesto ejemplo de vida que él supo difundir sirvió de inspiración seguramente a muchos enfermos de cáncer. Lo malo es que detrás de esa noble causa había un tramposo que traicionó al deporte,  por la ventaja que implica consumir esas sustancias, y a la propia sociedad, pues muchas de esas drogas que el deporte prohíbe son tremendamente dañinas para el cuerpo humano y causan enfermedades como la que él combate día a día. Lo que preocupa es que este caso vuelve a quedar claro que la lucha contra de doping parece perdida o no es pareja; los tramposos van un paso adelante y han logrado ingeniárselas para evitar ser detectados en su momento;  hacerlo tiempo después desenmascara a los malos deportistas pero no paga todos los daños. Y no es extraño pensar que la cloaca no sólo empaña al ciclismo, que otros deportes más populares y que algunos de los deportistas más reconocidos puedan estar engañándonos, es una invitación a dejar de creer en el deporte, lo que resulta muy grave. No queda más que seguir alertas y exigir mayor transparencia y rigor en los controles antidoping.

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