La arrogancia de los clavadistas chinos

"Aventarse desde la plataforma es volar". Chen Roulin habla en el lenguaje de signos de China, tiene apenas 15 años, una sonrisa inocente y un sueño desde los cinco años: ser campeona olímpica...

"Aventarse desde la plataforma es volar". Chen Roulin habla en el lenguaje de signos de China, tiene apenas 15 años, una sonrisa inocente y un sueño desde los cinco años: ser campeona olímpica como Gao Min.

Gao Min fue la primera atleta que en unos Juegos Olímpicos le dio a China una Medalla de Oro en los clavados. Fue en Seúl 88, y Chen Roulin todavía no nacía.

Roulin nació cuando Gao Min refrendó la Medalla de Oro en el trampolín de tres metros en Barcelona ‘92, y posiblemente, como muchos de su generación, fue concebida en la inspiración de que China sería en el año 2000 una potencia, económica y deportiva.

La inspiración de su potencial, llevó a Chen Roulin a entrenar desde los cinco años, sin descanso y con una disciplina de monje Shaolin, salta desde la plataforma de 10 metros, unas 500 ocasiones hasta erosionar los grados de dificultad.

Pero antes de subir cada una de las escalaras que la elevan a la prueba reina de los saltos, Roulin debe aplicarse en su trabajo de gimnasio, gimnasia, elasticidad y ejercicios de meditación. Antes de lo físico está el ejercicio mental.

Su temporada desconoce calendarios, ni año occidental ni año nuevo chino, eso desapareció cuando se le metió en la cabeza la idea de ser como Gao Min. 

Podrá terminar la temporada de saltos, después de la tercera fecha de la Serie Mundial en Najing no habrá más competencias internacionales, pero ella seguirá en la fosa porque en Enero es el selectivo en China para clasificarse a la justa veraniega.

Aún con su Medalla de Plata en el pasado Mundial de Natación en Melbourne y con un lugar asegurado en la justa veraniega, Roulin tendrá que competir en el selectivo de su país y reafirmar porque es la mejor china desde la plataforma de 10 metros.

Roulin encarna la arrogancia  que no es un defecto sino un estado de gracia. Esa virtud que tiene a China como el mejor equipo de clavados, "como los chinos ninguno, tienen una técnica perfecta", asegura el Campeón Panamericano, el cubano santiaguero José Guerra.

Hoy por hoy, a menos de un años de que el fuego le de vida al Nido de Pájaros en Beijing, 8.8.8, los chinos entrenan como nadie cada salto, intentan los grados de dificultad más altos, algunos que ni Dmitry Sautin había imaginado.

Así, con una arrogancia que busca la perfección en cada salto, los clavadistas chinos se alejan de la competencia mundial para adentrarse en una competencia entre ellos mismos.

Por eso no habrá que sorprenderse en Beijing cuando en la competencia de clavados la disputa sea el segundo o tercer lugar, el primero no está asegurado, el destino no es seguro, pero cuando la arrogancia los hace entrenar mucho más que todos, el destino tiene excepciones.  No lo dice un periodista, tampoco un crítico, ni un juez ni sus rivales, lo dicen sus siete, de ocho posibles, Campeones Mundiales en Melbourne, Australia el pasado Marzo.Los dicen los resultados en la Serie Mundial de Clavados de la FINA, hasta la segunda fecha que se celebró en México la semana pasada, nadie les había podido ganar en las ocho competencias. Y eso que están los mejores ocho del campeonato Mundial de Melbourne.  Lo dice Chen Roulin con su sonrisa inocente, sus apenas 15 veranos cumplidos y una voluntad infalible para entrenar 9 horas diarias, sólo por seguir su sueño, ser como Gao Min.

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