Retrato de México a seis meses de Beijing

Cada minuto nacen cuatro mexicanos. A seis meses de que llegue el 8.8.8.8 en los calendarios (ocho de la noche del día ocho del mes ocho del año 2008) México mantiene su ritmo de crecimiento para...

Cada minuto nacen cuatro mexicanos. A seis meses de que llegue el 8.8.8.8 en los calendarios (ocho de la noche del día ocho del mes ocho del año 2008) México mantiene su ritmo de crecimiento para conformar 38 delegaciones olímpicas por día.

Nuestro país es la latitud hispano parlante más poblada del mundo y según el Consejo Nacional de Población, en 2002 rebasamos la barrera de los 100 millones. Estiman que somos 103 millones de mexicanos.

Pero a diferencia de nuestro potencial de fertilidad, nuestros éxitos deportivos siguen siendo tan escasos como la exactitud para contarnos. Una de las desigualdades más grandes que existe México se da entre la fecundidad y competitividad.

Hasta el momento los pronósticos para la justa veraniega son desoladores. Si bien los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 se perfilan para marcar una línea de tiempo en la postmodernidad donde China terminará con la hegemonía estadounidense en el medallero, México se ubicará una vez más en el rezago con su etiqueta de país en desarrollo.

Es real que al igual que el PIB las medallas olímpicas son la referencia económica de un país. Es decir que nuestro lugar en el mundo, también en el deportivo, nos alcanza sólo para llegar a siete u ocho finales en la justa deportiva más importante de la humanidad, consideró hace unos días el Jefe de Misión, Carlos Padilla, a su regreso de Beijing luego de una visita de inspección.

De medallas ni él, ni Felipe Muñoz ni Carlos Hermosillo quieren hablar porque la inseguridad es uno de los rasgos culturales de nuestra población, pero a diferencia de las inseguridades que describió Octavio Paz donde el mexicano es un hombre que se refugia en el nacionalismo para sobreponerse a su aislamiento y sus complejos, la inseguridad de nuestros dirigentes deportivos pasa más por la falta de inteligencia para corregir el rumbo y planificar el deporte en un país con un alto potencial de población. 

"México está preparado para hacer unos Juegos Olímpicos memorables en Beijing, pero a nuestras posibilidades", sostiene Felipe Muñoz con un discurso donde trata amortiguar la desilusión que será para los mexicanos Beijing 2008 y dejar en claro que el objetivo del Comité Olímpico Mexicano es respetar el ideal olímpico donde lo importante es competir más que ganar.

La claridad ha sido un pecado mortal en el país de Cantinflas y no por ello lo primero que le enseñamos a un extranjero es a no escuchar lo que la gente dice sino lo que quiere decir a pesar de lo que dicen. Habrá que entender que el discurso de Felipe Muñoz que justifica el poco compromiso del COM para hacer de México un país competitivo y desvía a CONADE la culpa de la falta de apoyos a los deportistas, tiene su origen en un inconveniente de estructuras deportivas que se vienen arrastrando después de 30 años de dictadura porfirista y 71 años de gobiernos priístas.

Tantos años de autoritarismo terminan reflejados también en los deportistas. No por ello que los entrenadores extranjeros han definido que la obediencia es la mejor cualidad de los atletas mexicanos.

El entrenador argentino Angel Cappa en su estadía en México dirigiendo al Atlante afirmó que el futbolista mexicano nunca interioriza como suyas las indicaciones del técnico sino que funciona mejor con órdenes. Esta tesis la reforzó el holandés Ronald Koeman cuando le señaló a Carlos Salcido que se ponía nervioso cuando le dejaban la iniciativa con el balón, lo que no le quitaba que fuera el defensa más aferrado y obediente del PSV.

De esta manera a seis meses de que comiencen los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, la delegación mexicana tiene como mejor cualidad la obediencia y el coraje con el que siempre nos han estereotipado. Y en la justa veraniega todo se puede esperar con uno de los 150 atletas que nos representarán, el fracaso o una medalla, porque a pesar de todo lo dicho, los atletas mexicanos han demostrado a los largo de la historia que son más un estado de ánimo que una denominación de origen.

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