China...

Algunos creen que la Gran Muralla China es algo antiquísimo. Una especie de monumento extremo que hunde sus raíces en la noche de los tiempos como la definió Alessandro Baricco. Eso donde aquellos...

Algunos creen que la Gran Muralla China es algo antiquísimo. Una especie de monumento extremo que hunde sus raíces en la noche de los tiempos como la definió Alessandro Baricco. Eso donde aquellos tienden a ver un monumento a las fronteras y dispositivos militares, se esconde en cambio la manera de pensar de los chinos.

Zhun Kuo (así se dice China en chino) significa el país del centro. La tierra donde el mundo gira alrededor. En miles de años de encierro los chinos así se definieron. Y a todo lo externo le pusieron barbarie.

Sin la soberbia de los vencedores que escribieron la historia occidental, los chinos descubrieron América y otras partes del mundo en 1421, pero nunca fueron un pueblo conquistador ni propagador de sus ideas; del mismo modo podríamos interpretar que inventaron la pólvora pero no se les ocurrió inventar el revólver.

El chino a través de su historia, parece un pueblo inocente y paciente, pero al mismo tiempo endiosado y arrogante con su indiferencia y encierro milenario.

A este pasado le precede un tiempo radicalmente distinto de una China en transición: del encierro a la apertura, de inventar a plagiar y de intercambiar a conquistar por otros medios. Así llegan los Juegos Olímpicos a Beijing, la capital china de las últimas dinastías.

Los Juegos Olímpicos le darán por primera vez a Zhun Kuo su real significado en el mundo occidental: China será el ombligo de la humanidad durante dos semanas a partir del 8 de agosto. Hoy está lidiando con la presión que siempre ejerce la contemplación y observación de la opinión pública.

Desde el anuncio de los Juegos Olímpicos en 2002, uno de los tantos problemas de la China multicultural y multiétnica se agudizó por encima de Taiwán y Xingiang: la "independencia" del Tibet.

El Tibet nunca ha sido independiente, pero su asociación romántica en todo el mundo, esa asociación que ha crecido con la figura de su exiliado guía espiritual, el Dalai Lama, ha errado en la idea de reclamar en la ruta del fuego olímpico: "Free Tibet".

El no ser libres nunca significa que los tibetanos no puedan reclamarlo hoy, pero simplemente hay que entender este reclamo en el contexto que se da. En un tiempo antiolímpico, como todos los previos a los Juegos, que se incrementa ante un crecimiento económico de China y una recesión estadounidense.

El mundo occidental lucha, sentimentalmente, contra la forma de actuar de las autoridades chinas para sofocar cualquier intento de protesta y reclamo de libertad en el Tibet. Ante esto las viejas costumbres regresaron a China, el gobierno chino es represor. La apertura no es total y la incomunicación lo propicia. 

Aunque nuestro sentimiento de que China no ha equilibrado de manera adecuada su política en Tibet y unos derechos humanos a nuestro parecer adecuados. También habría que mencionar el intento chino por mejorar las condiciones económicas de esa región, durante años la más atrasada. El ejemplo más reciente es el ferrocarril a Lhasa.

Tal vez nos equivocamos en pedir la independencia de Tibet, como lo acusa China y reclama al mundo, pero sería agradable que este movimiento antiolímpico concluya con el Tibet disfrutando de una autonomía práctica dentro del Estado chino.

Pero para ser realistas, China está lejos de aceptarlo, la apertura todavía no es total ni real mientras se siga creyendo que es mejor transmitir y no crear. Pues el chino solo crea en el pasado, ese pasado al que ama. Un nacionalismo en un mundo global.

Beijing ya inició una nueva versión de los Juegos Olímpicos, la guerra se da por otros medios.

Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas