Estadios... estética estática

¿Cómo puede ser que los estadios vacíos me atraigan tanto, si no son más que un dispositivo para permitir la experiencia de volverse parte de la multitud, un dispositivo que no es nada sin la...

¿Cómo puede ser que los estadios vacíos me atraigan tanto, si no son más que un dispositivo para permitir la experiencia de volverse parte de la multitud, un dispositivo que no es nada sin la presencia móvil de un evento atlético? se pregunta en su libro Elogio a la Belleza Atlética el alemán Hans Ulrich Gumbrecht.

Seguramente Jorge Luis Borges y Bioy Casares le responderían con un párrafo de su cuento Esse Est Percipi, que la presencia en los estadios es ficción desde que se jugó el último partido de futbol el 24 de junio del 37.

"El futbol, al igual que la vasta gama de los deportes que se juegan en los estadios, son sólo un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman".

Pero el Conde de Foxá en una editorial del diario español ABC, en 1957 diría que nada de ficción y todo es realidad, tras un Clásico Real Madrid- Barcelona.

"En los estadios se ha logrado fotografiar a la muchedumbre, al pueblo, ese personaje en cuyo nombre se habla tantas veces pero que jamás habíamos visto. En las tribunas de un estadio está su fotografía que podría servir para una carnet de multitudes. Son pirámides faraónicas de caras, inmensos muros babilónicos, cuyos ladrillos son los rostros encendidos por el entusiasmo".

Desde el Coliseo Romano hasta el Nido del Pájaro de Beijing, los estadios son las únicas construcciones, por eso aquello de Catedrales contemporáneas, que subrayan su carácter de insularidad autocentrada en el juego, algo sagrado. Es decir que como ninguna otra latitud, el centro de un estadio, se convierte en el eje del mundo. 

Cada estadio impulsa de manera distinta la imaginación incontenible de cada quien y cada estadio cumple el deseo primitivo del hombre de estar junto a otros, sea por la razón que sea, tenemos esa necesitad de ser parte de la tribu.  Personalmente quiero entender entonces que la estética estática de los Estadios, y nuestra atracción por ellos, radica en que nos atrae tanto porque sólo en ellos: al mirar los deportes, o un concierto, podemos disfrutar, en nuestra imaginación, de ciertas vidas que no tenemos, ni tuvimos, el talento ni el tiempo de vivir.

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