La vela…

La vela debería ser un deporte popular en México. Con 11 mil kilómetros de litoral, el mexicano, debería ser un pueblo navegante.

La vela debería ser un deporte popular en México. Con 11 mil kilómetros de litoral, el mexicano, debería ser un pueblo navegante.

Creamos la idea clásica que dicta que siempre volvemos al mar. Que todos los náufragos regresan antes o después y los enamorados también vuelven. Está escrito en un fragmento de la mitología que mezcla la locura y poesía en el relato del regreso de Ulises a su Itaca.

A decir de algunos la Odisea es el primer libro de navegación. Al mar, le dicta el instinto, al mar que es un laberinto, dice Homero, en una de sus dos obras. En la otra, La Iliada, se pueden leer las más exquisitas crónicas de un corresponsal de guerra.

Pero la vela apareció en los Juegos Olímpicos de la era moderna hasta la segunda edición en París 1900. En San Luis 1904 se suspendió y a partir de Londres 1908 fue habitual para los hombres. En Los Angeles 1984 las mujeres entraron en las competencias.

Es una disciplina elitista. Ahí la simple explicación para que a pesar de nuestros amplios litorales y abundante hidrografía, el mexicano, siga siendo un pueblo indiferente a la navegación. Sólo como referencia, Austria, sin un solo kilómetro de playa, sólo dos lagos, está en el medallero olímpico de la vela a largo de su historia con seis preseas olímpicas, tres de ellas de Oro.

Es una realidad que para los mexicanos el "estar de puerto", frase de la que habló Ortega y Gasset para definir la palabra deporte, está alejada del agua. Hasta hoy pocos éxitos deportivos marítimos tenemos.

El único presumible, y como todo olvidado, es el triunfo de Ramón Carlin quien es el único mexicano que ha ganado la Withbread Round the World Race.

A bordo de su velero, el Sayula II, Carlin ganó la primera edición de la regata que le dio la vuelta al mundo entre 1973 y 1974. Su triunfo, con una tripulación familiar, fue sorpresivo cuando tardó 152 días, 22 horas y 30 minutos en dar la vuelta a la tierra.

El antecedente de Carlín sin duda debería pesar en la memoria deportiva de Tania Elías Calles, Demita de la Vega y David Mier y Terán, los veleristas mexicanos que buscarán una Medalla en el puerto chino de Qingdao, en el marco de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008.

A ellos, a los atletas y a muchos más, recordando el mar, el puerto, la travesía y la competencia, sería bueno recomendarles tener siempre presente este verso de Homero…

Cuando emprendas el viaje hacia Itacaruega que sea largo el camino,lleno de aventuras, lleno de experiencias.A los Lestrigones, a los Cíclopeso al fiero Poseidón, nunca temas.No encontrarás trabas en el caminosi se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisitala emoción que toca el espíritu y el cuerpo.Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,ni al feroz Poseidón has de encontrar,si no los llevas dentro del corazón,si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.Que muchas sean las mañanas de veranoen que - ¡con qué placer! ¡con qué alegría! -entres en puertos nunca antes vistos.Detente en los mercados feniciospara comprar finas mercancíasmadreperla y coral, ámbar y ébano,y voluptuosos perfumes de todo tipo,tantos perfumes voluptuosos como puedas.Ve a muchas ciudades egipciaspara que aprendas y aprendas de los sabios.Siempre en la mente has de tener a Itaca.Llegar allá es tu destino.Pero no apresures el viaje.Es mejor que dure muchos añosy que ya viejo llegues a la isla,rico de todo lo que hayas guardado en el caminosin esperar que Itaca te de riquezas.Itaca te ha dado el bello viaje.Sin ella no habrías aprendido el camino.No tiene otra cosa que darte ya.Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañadosabio como te has vuelto con tantas experiencias,habrás comprendido lo que significan las Itacas

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