Beijing, Pekín, Khanbalic...

Cuando en Beijing son las 12 del día. En México son las 11 de la noche pero de diez años antes. Es posible que esto sea realidad porque el viaje a China para cualquiera se puede convertir en un...

Cuando en Beijing son las 12 del día. En México son las 11 de la noche pero de diez años antes. Es posible que esto sea realidad porque el viaje a China para cualquiera se puede convertir en un verdadero desplazamiento en el tiempo. Volver al futuro. Avanzar al pasado, y viceversa.

Todavía no sé si Beijing ya rebasó a Nueva York como capital del mundo. De lo único que estoy seguro estando aquí, es que no existe ninguna otra latitud como esta ciudad china en la que el presente es tan poderoso que absorbe el pasado y el futuro, y sin embargo, el pasado y las tradiciones milenarias permanecen.

Ahora que estoy aquí, pienso que me hubiera gustado llegar a Beijing cuando la dinastía Ming convirtió a esta ciudad en la capital de China. También habría disfrutado descubrir junto a Marco Polo esa ciudad descrita en sus viajes como Khanbalic, o simplemente, estar presente en la Plaza de Tiananmen aquel junio de 1989 cuando entraron los tanques militares para disipar las manifestaciones de miles de estudiantes que imploraban democracia con pancartas de la Estatua de la Libertad (alguno sumamente surreal).

En fin, siento que llegué con retraso a esta ciudad impregnada de la historia china de los últimos 500 años, pero a la vez llegué a tiempo y con precisión para estar aquí en el suceso más importante que tendrá China y el mundo en el Siglo XXI cuando este viernes se inauguren los Juegos Olímpicos de la vigésimo novena Olimpiada.

Para entender ciertas cosas no hacen falta idiomas, ni experiencia, ni memoria y basta con abrir bien los ojos para darse cuenta de que China está cambiando. Que esa mutación de la que habla hoy la prensa extranjera aquí, es simplemente interpretación de lo que se siente en las calles de Beijing: para los chinos de ahora, siempre es hoy y todos los momentos valen.

Por eso esta ciudad que a todas horas parece una tormenta de almas y un caudaloso río de bicicletas ve en los Juegos Olímpicos el presente y están listos a disfrutarlo, lo demás, el después o el pasado, realmente todavía ahora no lo piensan.

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