Paralímpicos

Los Juegos Paralímpicos Beijing 2008 terminaron la semana pasada. Temo decir que para mucha gente, estos Juegos, ni siquiera existieron. Lo que no se ve no existe y los Paralímpicos no gozaron de...

Los Juegos Paralímpicos Beijing 2008 terminaron la semana pasada. Temo decir que para mucha gente, estos Juegos, ni siquiera existieron. Lo que no se ve no existe y los Paralímpicos no gozaron de la exhaustiva cobertura mediática que se les dio a los otros Juegos, los Olímpicos.

Es una lástima que se hayan ignorado de tal manera. Pero dejando de lado el asunto del doble mérito, de la dignidad de los paralímpicos, que a mi parecer suele implicar una caridad y paternalismo deprimente, pienso que ver lanzar la bala al mexicano Mauro Máximo, Medalla de Oro en la categoría F53/54, fue un juego emocionante, que constituye en sí mismo, un espectáculo que como ningún otro, rompe cualquier cotidianidad.

La indiferencia también sugiere cuestionarse cuál de los dos Juegos, los Olímpicos o Paralímpicos, de verdad cumplen con los ideales de igualdad, del espíritu de superación, el citius, altus fortus (más lejos, más alto, más fuerte), de la nobleza competitiva, la convivencia internacional y demás utopías que envuelven al deporte.

¿Qué mundo es más disparejo? ¿Dónde no se tienen piernas y brazos o dónde el dopaje y las grandes tecnologías del deporte sólo están a la mano de algunas potencias? Entonces por desigualdad de condiciones, diríamos que es lo mismo, el mundo de los Paralímpicos que el de los Olímpicos.

La otra pregunta sería ¿Por qué a pesar de que México quedó en el lugar 14 del medallero, 20 Medallas, la mitad de ellas de Oro, no nos intersan? ¿Por qué el reconocimiento es casi nulo?

Posiblemente es porque disfrutamos más, ver a esos monstruos del atletismo o la natación convencional. Ésa podría ser la primera respuesta. Vemos como súper hombres a Phelps, por sus brazos largos para nadar así de rápido, o vemos tan fenómeno como a un guepardo a un tipo como Bolt que corre tan rápido como el animal.

Otra respuesta, que me parece un poco más razonada, y dicha incluso por algunos deportistas discapacitados, es que la comunidad paralímpica es poca, relativamente hablando en el mundo. Es decir, el universo de competencia es más reducido. No es lo mismo el campeonato de Italia en una Copa del Mundo de Alemania 2006, que la Medalla de Oro de Brasil en el futbol paralímpico, donde sólo pueden jugar los débiles visuales. Un dato de comparación: mientras que el planeta lo habitamos casi siete billones de personas, de esta población sólo 50 millones de personas son totalmente ciegas.

La respuesta que más lamento, es la que ya dijo alguna vez Harold Lasswell, el efecto de la aguja hipodérmica que los medios ejercen sobre la masa (claro en un contexto que no es la guerra). A tanto bombardeo de información. A más promoción, más anuncios: más atención

Y es que nuestros Paralímpicos nos interesan menos porque nadie nos cuenta las historias que hay detrás de cada uno de ellos. De los convencionales acabamos conociendo vida y milagros de Paola, Tatiana, Guillermo y María, y por eso el gran interés por desvelarse cuando era medio día en China.

Pero, sin desmeritar a nadie, soy un convencido que la biografía de nuestro peor nadador paralímpico ofrece un material más apasionante que el de los atletas "normales" y por desgracia, nos hemos quedado sin conocer esa historia. Y esto sí ha sido una lástima.

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