Daniel Aceves: 'Yo estuve ahí'

Los medallistas olímpicos mexicanos son una clase privilegiada del deporte nacional. A lo largo de 116 años de historia sólo 76 han logrado colgarse una presea en unos Juegos Olímpicos.
Los medallistas olímpicos mexicanos son una clase privilegiada del deporte nacional. A lo largo de 116 años de historia sólo 76 han logrado colgarse una presea en unos Juegos Olímpicos.
 Los medallistas olímpicos mexicanos son una clase privilegiada del deporte nacional. A lo largo de 116 años de historia sólo 76 han logrado colgarse una presea en unos Juegos Olímpicos.  (Foto: Notimex)
Los Angeles, California -
  • Aceves colocó de espaldas a su contrincante pero los jueces no validaron la caída

Los medallistas olímpicos mexicanos son una clase privilegiada del deporte nacional. A lo largo de 116 años de historia sólo 76 han logrado colgarse una presea en unos Juegos Olímpicos. A través de 'Yo estuve ahí' revivimos las experiencias de estos atletas excepcionales y rendimos tributo a los hombres y mujeres que han llevado el nombre de México al punto más alto del Olimpo. Una Plata que supo a Oro Ser hijo de un luchador profesional (Roberto Bobby Bonales) que enfrentó a leyendas del cuadrilátero como Black Shadow, Blue Demon, El Cavernario Galindo, no le permitía a Daniel Aceves sentir dolor, quejarse o darse por vencido en ninguna competencia, desde niño aprendió  que la victoria es lo único que podría saciar la inquietud que lo anegaba. Fue a los cinco años cuando su mentor se lanzaba desde la tercera cuerda y enseñaba a Aceves a esforzarse y dar lo mejor en cada función. Y así lo hizo hoy 2 de agosto de 1984, cuando enfrentó en la Final al Campeón Mundial de 1983, el japonés Adsuji Miyahara, sin embargo, una polémica decisión de los jueces mandó al mexicano al segundo escalón del podio Olímpico al no concederle un claro toque de espaldas contra su rival. El grupo B en la categoria de los 52 kg. lanzaba un gran reto para Aceves, al grado que en su primera participación, el turco Erol Kemah lo venció faltando 30 segundos para el final del combate, duro golpe que casi le cuesta la eliminación de la justa deportiva. Pero Aceves aprendió de su padre a no rendirse y saber remontar la adversidad. Superó al ecuatoriano Iván Garcés, al chino Richa Hu y al Finlandés Taisto Halonea, con quien empató pero logró salir avante por decisión técnica. Aceves estaba dispuesto a cumplir su meta, quería la presea áurea sin embargo, Miyahara era superior en corpulencia, además que no había tenido problema para llegar a la pelea por el máximo galardón. Aceves se mostró cauteloso ante su rival, debido a la falta de ataque fue penalizado con cuatro puntos. Miyahara intentó un suplex ante Aceves, pero el mexicano logró contrarrestar el ataque con un giro espectacular en el aire que derribó al japonés y lo puso de espaldas contra la lona, sin embargo, los jueces no marcaron la técnica y el combate terminó 9-4 a favor del nipón. Aceves protestó el resultado, incluso técnicos, entrenadores y demás luchadores apoyaron al mexicano pero no fructificó la querella. El orgullo de Aceves estaba quebrado, supo que a pesar de no obtener la máxima gloria Olímpica había ganado un metal plateado que sabía a áureo, por el sacrificio invertido y los años dedicados al deporte. Una Medalla de Plata que supo a Oro por el esfuerzo invertido; primera y única en lucha grecorromana para México, el podio Olímpico en un deporte ajeno a la cultura deportiva nacional se logró gracias a la perseverancia de un mexicano que vivió entre gigantes encapuchados desde niño, para aprender después a desenmascarlos.

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