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Agustín Zaragoza: 'Yo estuve ahí'

Agustín Zaragoza venció al gigante eslavo Jan Hejduk para ganar el Bronce (Foto: Especial)
Agustín Zaragoza venció al gigante eslavo Jan Hejduk para ganar el Bronce (Foto: Especial)

Emmanuel Gutiérrez | MEDIOTIEMPO
Ciudad de México, sábado 7 de Julio del 2012

  • Agustín Zaragoza ganó la séptima presea en Boxeo Olímpico para México 
Los medallistas olímpicos mexicanos son una clase privilegiada del deporte nacional. A lo largo de 116 años de historia sólo 76 han logrado colgarse una presea en unos Juegos Olímpicos. 

A través de 'Yo estuve ahí' revivimos las experiencias de estos atletas excepcionales y rendimos tributo a los hombres y mujeres que han llevado el nombre de México al punto más alto del Olimpo. 
 
Arena México, México, Distrito federal, Martes 22 de octubre de 1968
 
¡Orgullo potosino de Bronce! 
 
Para librar el camino de los puños, hay que saltar la barrera del miedo y atacar, no hay mejor defensa que sostenerse, además de esquivar los volados y jabs que la vida te quiera conectar.

El púgil mexicano Agustín Zaragoza comprendió dicha lección cuando perdió la oportunidad de participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, tras perder la primera pelea en su carrera fue relegado del equipo que representaría a México en la justa deportiva más importante en el mundo.

Cuatro años después, un Zaragoza más maduro está dispuesto a vencer aquellos fantasmas que le negaron cumplir uno de sus anhelos en la vida, una medalla Olímpica; sin embargo, el gigante eslavo Jan Hejduk era el obstáculo que faltaba librar para asegurar un codiciado metal, púgil que enfrentó en las Semifinales del torneo.

Hejduk, de semblante duro y recio como una roca rehuía al combate, su estilo defensivo, habilidoso pero lento complicaba el combate al mexicano, estaba acostumbrado a pelear en corto. 

Antes de sonar la campana, Zaragoza excedió su confianza, cometió el error de bajar los brazos y un jab de derecha retumbó en su rostro; el mexicano caía ante la mirada atónita de una Arena México repleta. 

En ese momento, el potosino recordó como José Cebreros casi lo deja fuera de México 1968 tras vencerlo en el selectivo, pero Agustín supo recobrarse y logró el boleto en peso Medio, debido a la falta de púgiles capaces en esa división al vencer a todos los nacionales en una segunda oportunidad que le dio la vida.

Lastimado, Zaragoza se puso de pie luego del ataque de Hejduk, sonó la campana. En su esquina, la rabia y el coraje anegaron el rostro del mexicano y se propuso tumbarlo en el siguiente asalto, pero la voz de su entrenador, Enrique Nowara, se escuchó y recomendó que manejara mejor la pelea.

A pesar de la caída, Zaragoza llevaba ventaja. Utilizó su jab de zurda y ganchos a las zonas blandas, el gigante europeo fallaba sus ataques gracias a las raudas piernas del mexicano, que se movían infatigables sobre el cuadrilátero.

Sonó el campanazo final, los jueces decretaron un marcador de 4-1 favorable al mexicano y aseguraba el Bronce. Finalmente todos esos años de entrenamiento en los rings de Tacubaya, la disciplina y los sacrificios hechos en su vida fueron coronados por una presea Olímpica, la séptima en la especialidad para México en su historia.

"Salté de puro gusto, ya era mía la medalla, todos gritaron, el público me aceptaba. Había demostrado que tenía técnica y que no era un bulto parado en el ring".

[MEDIOTIEMPO]

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