Todos hablan de lucha libre, pocos saben

Para muchos resulta tremendamente sencillo hablar mal de la lucha libre sin conocerla de lleno.

Es ley que cuando sucede un incidente grave o de fatales consecuencias, o algún tema se pone de moda, todo el mundo opine; pero son realmente pocos los que conocen a profundidad el tema en cuestión.

Esta semana me he topado con infinidad de comentarios, entre ellos varios de periodistas, que han dado opiniones, no del tema de la seguridad o integridad de los luchadores, sino de la lucha libre misma, como si realmente fueran especialistas en el tema.

Como auténticos “expertos” se desgarran las vestiduras por una acción mal ejecutada o un movimiento mal hecho, aunque muchos de ellos jamás han ido a una arena y mucho menos han seguido la carrera de los luchadores, ni los aconteceres de la industria luchística. Entonces, si no saben si lo que está pasando arriba de un ring es correcto, incorrecto, válido, inválido, muy riesgoso o poco, ¿cómo pueden cuestionar si una acción estuvo mal o bien ejecutada? ¿Cobijados en qué conocimientos? ¿Juzgando bajo qué criterios?

Critican duramente o se impresionan con facilidad por un sillazo o algún movimiento espectacular, como si se tratara de una auténtica barbarie cuando, realmente estas acciones son ejecutadas profesionalmente por los gladiadores que saben cómo hacerlas para que se vean aparatosas sin que realmente causen algún daño importante.

La lucha libre es un deporte espectáculo que, al contrario de lo que muchos catalogan como violento y agresivo, es noble, muy noble. A diferencia de las artes marciales o el box, nunca se busca atacar al oponente hasta dejarlo noqueado. La lucha libre se rige por un código que aunque intenta diezmar al rival, jamás busca lastimarlo. Y con esto asentado, la gran duda de muchos, del por qué no se quitan en los vuelos, queda despejada, cualquier luchador que se precie de serlo, tiene muy claro que quien se lanza en un vuelo, es un rival, pero es, sobre todo, un compañero de profesión con el que hay que trabajar siempre en conjunto para lograr ofrecer al público luchas espectaculares, pero sobre todo profesionales. Por supuesto, en este trabajo va implícito la protección al otro (particularmente física). Aunque de bandos contrarios, todos van al lugar.

La gente habla sin conocer y se sube al tren de un tema que realmente necesita conocimiento. La lucha libre siempre ha sido el “patito feo” de los deportes y resulta, para muchos, tremendamente sencillo hablar mal de ella. Le tiran sin contemplaciones “total es teatro, no es real”, se arriesgan por migajas, ellos se lo buscan”, son las frases, pan de todos los días, que los que sí estamos inmersos en este medio, estamos acostumbrados a escuchar. Y la peor: “mejor hay que pedir la prohibición porque es peligrosa”.

Todos podemos tener una opinión inmediata de algo y es válido. Pero cuando se trata de dar una opinión razonada, lo mínimo que se exige es que se tenga conocimiento del tema. Pero conocimiento real, basado en información fidedigna y en experiencia. El ejemplo más claro del desconocimiento de los “expertos” y “conocedores”: Llamar “pelea” a una lucha. En la lucha libre no hay “peleas”, porque la palabra misma contradice el significado mismo de este deporte-espectáculo.

Para entender la lucha hay que ESTAR en la lucha. Para entender la lucha hay que VIVIRLA. ¿Qué quiere decir eso? Que hay que ir a las arenas, ver videos, hablar con luchadores, con aficionados, leer reglamentos, libros de historia. Hay que estudiar, experimentar, labrar un camino, además de sentirla y vivirla de cerca. Cada lucha se puede catalogar como buena o mala por apreciación, por la calidad de sus contendientes, por movimientos y/o acciones. Pero conocer de lucha debe ser ir más allá de lo que sólo se ve “por fuera”.

Oigo hablar al Doctor Alfonso Morales, al Rudo Rivera, a José Manuel Guillén o a Bernardo Guzmán y de inmediato sé que escucho voces profesionales hablando sobre lucha libre. Leo “notas”, “reportajes” y opiniones del tipo de las de una televisora (en la que su Director pidió que se prohibiera la lucha libre) y realmente noto, con tristeza y desconcierto, que desconocen del tema y sólo fomentan el morbo y la desinformación.

La lucha libre tiene muchas carencias, es verdad. Pero también es verdad que es más compleja de lo que muchos pueden imaginar y de lo que muchos están hablando actualmente sin conocimiento de causa.

Sin nada más que comentar, me despido, nos leemos en la siguiente caída.

Comentarios, dudas o si simplemente quieren hablar de lucha libre, les dejo mi twitter @apolovaldes

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