¿Clásicos o extremos?

Con el pretexto de la expo sobre lucha libre que se está desarrollando esta semana en la Ciudad de México, pude platicar con un trío de gladiadores legendarios.

Con el pretexto de la expo sobre lucha libre que se está desarrollando esta semana en la Ciudad de México, pude platicar con un trío de gladiadores legendarios, con los que compartí conceptos que me parecen fundamentales para todos los aficionados al deporte espectáculo de las llaves y contrallaves. Si les tocó nacer en la década de los 80, incluso en los 70 o antes, comprenderán perfectamente lo que aquí mencionaré, si no, seguramente lo que hoy ven en los encordados mexicanos les parecerá perfectamente normal. La realidad es que no lo es tanto. Las estrellas con las que charlé son Tinieblas, Rayo de Jalisco Jr. y el Negro Navarro. Tres dinastías, tres estilos, tres públicos muy diferentes, pero tres tipos que han entregado su vida al ring, y que tienen una trayectoria que los avala para hablar sobre lo que se les pegue la gana en menesteres de máscaras y cabelleras. Cuando abordé el tema de la evolución de la lucha, los tres (en pláticas por separado) coincidieron en que el pancracio ha crecido en temas como la promoción, la apertura a nuevos valores, la difusión en medios de comunicación, el acercamiento del luchador con el público mediante a redes sociales y eventos masivos, la fabricación de equipos de calidad, pero sin titubear, los tres también coincidieron que en lo más importante, lo que sucede arriba del ring, ha habido un retroceso. La lucha extrema, tan privilegiada en nuestros días; tan aplaudida por su valor y arrojo, es terriblemente tratada por los estetas del pasado que aún guardan vigencia en el presente y se mantienen contendiendo al lado de la nueva ola de “valientes”. Digo valientes entre comillas, porque como lo dice Negro Navarro, hoy la lucha a ras de lona está en peligro de extinción, y en nuestros días cualquiera con arrestos y coraje se tira un tope mal hecho, sin técnica, azotando como caballo y regresa al ring como sin nada. El público no es tonto y por eso cuando aparecen estos emblemáticos luchadores de antaño, la afición les premia por no dejar morir la lucha clásica con dinero lanzado al ring al término de la batalla. Comprendo que en cuestión de gustos se rompen géneros, pero a decir verdad, no puedo estar más de acuerdo con estos gladiadores en sus ideas en contra de la lucha extrema con lámparas, martillos, tachuelas, sillas y mesas. Que me disculpen, pero yo jamás me emocionaré tanto viendo escurrir chorros de sangre por la espalda de un tipo lleno de clavos en un ring, como me emocioné el día que Carmelo Reyes destrozó una guitarra en la cabeza del Rayo de Jalisco Jr. para después en una lucha sin artimañas, perdiera la máscara ante el hijo de Max Linares. Yo jamás me emocionaré tanto viendo como se trepan a una reja para caer sobre una mesa llena de lámparas como me emocionaba cuando el maestro Negro Navarro daba cátedras de rudeza con el Signo y el Texano en el Toreo de Cuatro Caminos. Yo jamás me emocionaré tanto con los equipos multicolores pero tan deformes que el simple hecho de querer dibujar la máscara sería una obra de arte, como cuando Tinieblas aparecía con su máscara negra con dorado y su capa en lentejuelas. Sé que la lucha de hoy ha cambiado, pero creo que quizá en vez de copiar tanto los modelos de otros países, si volteáremos un poco más a nuestras raíces y orígenes, el deporte espectáculo podría tener un boom aun mucho mayor. Y ustedes, ¿cómo la ven? Carlos “Chicken” Muñoz está al aire de lunes a viernes de 6:00 a 10:00 y los sábados de las 13:00 a las 14:00 horas por 88.9 Noticias. En twitter: @carloschicken

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