Una noche inolvidable para el Perrito

Ni hablar, el Perrito no se levantó con la pata derecha el día de ayer. Y es que las cosas no le salieron nada bien al Hijo del Perro Aguayo sobre el encordado del Coliseo Olímpico de la...
 Ni hablar, el Perrito no se levantó con la pata derecha el día de ayer. Y es que las cosas no le salieron nada bien al Hijo del Perro Aguayo sobre el encordado del Coliseo Olímpico de la Universidad de Guadalajara.  (Foto: Denisse Covarrubias)
Guadalajara, Jalisco -
  • El Perrito tuvo que cambiar los planes para lo noche

Ni hablar, el Perrito no se levantó con la pata derecha el día de ayer. Y es que las cosas no le salieron nada bien al Hijo del Perro Aguayo sobre el encordado del Coliseo Olímpico de la Universidad de Guadalajara, pues empezando porque su rival en la lucha estrella, Dr. Wagner Jr., nunca apareció, porque el ring se venció y terminó por partirse en dos en la Semifinal, y por la auténtica patiza que LA Park le propinó hasta dejarle el rostro bañado en sangre, la de ayer fue sin duda una noche "inolvidable" para el líder de los Perros del Mal.

Originalmente, el Galeno del Mal y el Can de Nochistlán se verían las caras en la estelar en la modalidad de mano a mano, pero Wagner nunca hizo acto de presencia en el Coliseo de la máxima casa de estudios, por lo que el Perrito tuvo que hacer equipo junto a su jauría, Damián 666 y Super Crazy, para medirse ante la huesuda, Olímpico, y Súper Porky, hecho que terminó por ser contraproducente para Aguayo, pues LA Park se dio gusto golpeando al canino hasta hacerlo cargar con la derrota.

Engrapadoras, lámparas de neón, escaleras, alambres de púas, y un sin fin de sillas de metal, fueron los objetos predilectos para romperse "la mandarina en gajos", y al más puro estilo de la lucha extrema, el ring no fue el único lugar para repartirse cariño, por lo que más de uno de los implicados en el duelo estelar terminaron con el rostro y el cuerpo dañados, y con la tapa y el equipo teñidos de rojo.

Los de la jauría iniciaron trepidantes sobre sus rivales, y en cuestión de segundos se adelantaron en los cartones, pero valiéndose de sus extremas estrategias, LA Park llevó a su bando a la victoria en la caída intermedia.

Ya para la tercera, lo de menos era el triunfo, pues lo que inicialmente fue un combate a ras de lona, cambió radicalmente a una campal sin reglas ni limitantes, decidiéndose finalmente el gane del duelo tras una descalificación a los Perros del Mal por despojar de la tapa al Olímpico, y claro, por dejarle tatuada una silla al réferi en la espalda.

Al final de la lucha, y para defender a su cachorro, el legendario Perro Aguayo apareció sobre el ring para pasarle la factura a LA Park, aunque la catrina se dio el lujo de ignorar al zacatecano no sin antes advertirle que su rivalidad no terminará hasta aniquilar al heredero del pedigree.

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