Desde los Fosos

Aunque generalmente hablo de F1 o autos, no me pierdo MotoGP, me encanta, es incluso más emocionante que la F1 y los duelos son asombrosos, tórridos, intensos.
El Gran Marco Simoncelli

“En mis ojos no ha parado de llover…” Maná

Hoy, por segundo lunes consecutivo, tengo que escribir sin ganas de hacerlo pues el tema no me es grato. Aunque generalmente hablo de F1 o autos, no me pierdo MotoGP, me encanta, es incluso más emocionante que la F1 y los duelos son asombrosos, tórridos, intensos. Soy aficionado desde Hailwood y Agostini, hasta Valentino Rossi y recientemente, desde el 2008 a Marco Simoncelli. Y Marco murió ayer en Sepang, Malasia en un accidente  en la segunda vuelta. 

Marco fue campeón de 250cc en 2008 y era como el hermano menor de Valentino, amigo, compañero e incluso instigador de muchas de las locuras que hace Rossi para celebrar sus triunfos y tenían una grande preparada para cuando viniera el primer gran triunfo de Marco en MotoGP, porque no era cuestión de que llegara, sino qué tan pronto caería. En su segundo año en la categoría, Marco ya tenía una Honda oficial, aunque corriera para el equipo Gresini. Su estilo rápido, agresivo y de batalla provocó que algunos se quejaran de él, especialmente tras un par de publicitados accidentes con el campeón Jorge Lorenzo (Yamaha) en Assen y con Dani Pedrosa (Honda) en Le Mans, pero Valentino lo defendió y Marco insistió en su lema: “Yo no regalo nada a los otros pilotos”, y la aguas se calmaron. 

Su estrella iba en ascenso, la semana pasada en Australia fue segundo, su mejor resultado, cuando Casey Stoner (Honda) se coronó y eso dejaba abiertas las fechas finales. Sin embargo, en Malasia con su pista que desgasta mucho los neumáticos, Marco apostó a una estrategia coherente, pero arriesgada, al ser el único de los punteros que usó la combinación de llanta delantera dura adelante y atrás, pues la mayoría prefirió ir con la dura a delante y la suave atrás, pero Marco sacrificaba un poco de agarre al principio por la resistencia al final que le permitiría ser más veloz y alcanzar a los que se le adelantaran inicialmente para ganarles, o esa era la teoría.

En la carrera peleaba el cuarto lugar con Álvaro Bautista (Suzuki), pero en las Eses su llanta trasera patina y deja una marca negra en el asfalto, consistente con el agarre inferior de la llanta dura al inicio. Al patinar la trasera, la moto se mantiene por el agarre de la delantera, pero esta no aguanta la presión al acelerar y provoca que Marco caiga más allá de los 38 grados, mínimo para mantenerse rodando. Cuando la moto debe deslizarse hacia la parte externa de la curva, rumbo al pasto, súbitamente las llantas traccionan de nuevo y Marco pega con la cabeza en el piso, pierde la conciencia y con la inercia jala la moto de regreso a la línea donde Edwards y Valentino pelean el sexto sitio. Rossi hace un esfuerzo sobrehumano  y alcanza a librarse con un ligero rozón, pero Colin pega de lleno y el casco de Marco sale volando junto con las dos motos mientras él queda inerte sobre el asfalto; Colin, lesionado, espera parado a unos metros que lleguen las asistencias. Valentino sabe el resultado porque en su trayecto a los fosos grita y manotea en el aire con la rabia del que pide un milagro que no llegará.

Marco era especial porque era un buen piloto, pero para mí lo era más: tengo un hijo de 21 años con melena rizada como la de él –le digo de cariño ‘Javiercelli’– , con esa misma cara fresca, inocente y un poco pícara de chavo bueno. El número que usaba, ese 58 es mi favorito, es mi año de nacimiento. Era mi piloto. Un accidente brutal, imprevisible, cosa del destino, que se lleva a un grande. Descansa Marco en el panteón de los inmortales, donde perteneces… 

 
Carlos Eduardo Jalife Villalón
Twitter @scuderiargz
FB Scuderia Rodríguez
scuderiargz@yahoo.com.mx  
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