Marco Automovilístico

Nos hemos acostumbrado a ver los cierres espectaculares de la NASCAR, por supuesto me refiero a la de los Estados Unidos, ese fenómeno de mercadotecnia que genera billones de dólares anualmente...

Fórmula Uno @ la NASCAR

Nos hemos acostumbrado a ver los cierres espectaculares de la NASCAR, por supuesto me refiero a la de los Estados Unidos, ese fenómeno de mercadotecnia que genera billones de dólares anualmente y entretiene a millones de personas.

El irresponsable pleito iniciado por Tony George, que básicamente acabó con las carreras de autos tipo Fórmula a su más alto nivel en el ámbito estadounidense, ayudó muchísimo a la consolidación de las carreras de los llamados “Stock Cars”, que son todo menos eso.

Champ Car llegó a crecer tanto en espectáculo y audiencia, que el mismo Bernie Ecclestone tuvo que tomar cartas en el asunto y despertar de su anquilosamiento a la Fórmula Uno, que empezó a ser considerada como una categoría netamente europea y cuestionada su valides como Campeonato Mundial.

Ecclestone tuvo éxito con la tarea que se echó a cuestas; Tony George también con su berrinchudo afán por acabar con la Champ Car y los herederos de la familia France aprovecharon la oportunidad para tomar los espacios y ganarse la afición de quienes en lugar de dar la espalda al deporte de la velocidad, voltearon hacia los tan tradicionales óvalos gringos.

Pero ganar miradas y afición un poco más sofisticada que la de común denominador en la NASCAR, trajo consigo la necesidad de mejorar la oferta en todos los aspectos, principalmente en el de la competitividad y el espectáculo, de la mano de un mensaje de progreso tecnológico que poco se daba por esos lares.

Eso también trajo sus problemas y habría que resolverlos. Se empezaron a ganar carreras con el dominio de ciertos equipos y pilotos y los aficionados empezaron a dejar de ir a las pistas y dejar de ver las carreras por la televisión.

La solución vino con tan solo modificar algunas cosas, para hacer que los típicos choques de esas carreras, pudieran ser utilizados como un anzuelo permanente y tanto los pequeños como el siempre esperado “grande”, se integraran como factores encaminados a un atractivo “showdown”. ¡Bingo!

Una de las estrategias que mejor funcionó fue la llamada Green / White / Checker. (Una vuelta con bandera verde, una con bandera blanca y el cierre con la de cuadros) Ninguna carrera habría de terminar bajo bandera amarilla o bajo bandera roja, porque después de esperar horas y horas por un digno ganador o un espectacular final, no tener eso fue lo que lastimó la audiencia.

El domingo pasado estábamos gozando en Mónaco de lo que me parece estaba siendo la mejor carrera en lo que va del año, pero he aquí que cuando tres campeones mundiales de la Fórmula Uno estaba peleando el mejor escalón posible en el podio, un accidente entre pilotos que rodaban en las posiciones secundarias provocó que ondeara una bandera roja.

Esto fue necesario debido a los apretados confines del principado, pero más aun porque un piloto parecía haber salido lastimado; así que como lo marca el reglamento, todos los pilotos cuyos autos estaban en posibilidades de rodar, se fueron a la parrilla de salida a colocarse sobre esta en las posiciones en las que venían.

Pero el reglamento también marca que una vez completado el 75% del recorrido, la carrera ya no se reinicia y se da como válida, pero la FIA, supongo que de la mano de sus nuevos mercaderes, perdón, asesores del espectáculo, decidió que quería un cierre con bandera de cuadros, gritos y aplausos y eso es lo que se hizo.

Hasta ahí todo está muy bien. Nada mejor que dar aquello por lo que la gente vino a pagar. Cuando hay una bandera roja, los equipos pueden reparar sin restricción todo lo que se tenga que reparar, pero lo que me parece el punto quizá menos aceptable, en términos de ese mismo espectáculo que se quería ofrecer, fue permitir que se montaran llantas nuevas.

Sebastian Vettel venía haciendo un de las mejores carreras de su vida, rodando sobre unas llantas montadas por equivocación, que le obligaron a dar la mayor cantidad de vueltas posibles y por último tomar la arriesgada decisión de seguir con ellas hasta el final.

Quienes lo perseguían, Fernando Alonso y Jenson Button, con llantas más frescas quelas del joven alemán, se frotaban las manos ante la posibilidad de que cuando se empezaran a degradar las llantas, como dicta la consigna en esta temporada, cada uno de ellos tendría posibilidad de batir al que le precedía.

Sin embargo, también cada uno de ellos recibió, con la suspensión momentánea de la carrera, un juego nuevo de llantas con el mismo compuesto. ¿Resultado? La anulación automática de las posibilidades de pelea y la entrega en charola de plata de una victoria más, a quien pronto será el bicampeón de la Fórmula Uno más joven de la historia.

Mónaco, siendo Mónaco, no necesitó mucho de los artilugios ahora utilizados para ayudar a que haya más rebases. Ahí siempre será obra de los escogidos poder llevarlos a cabo. Es por ello que siempre tendremos sobre esas calles el espectáculo clásico de la Fórmula Uno que tenemos que entender, en la que todo cuesta enormidades, dinero para correr y manos para manejar.

Finalmente, creo que todos disfrutamos del espectáculo, pero me parece que en aras de darle a este un pequeño toque de legitimidad, se podría haber tomado la decisión de dejar a los pilotos cerrar con las llantas sobre las que rodaban. Aunque Vettel tiene todo como para poder haber defendido su liderato, casi les aseguro que el resultado hubiese sido diferente; me atrevo a decir que el ganador hubiera sido Fernando Alonso.

Después de su despliegue de talento en España, esto es algo que hubiera podido ayudar a la, ahora si Gran Carpa, un poco más que los deseos íntimamente escondidos de que nos acostumbremos a ver una Fórmula Uno @ la NASCAR

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