Separando a los niños de los hombres

Todos los pilotos que manejan un auto de Fórmula Uno son, además de muy talentosos, muy valientes; de hecho, aquellos que brillan en el Karting también lo son y así, hacia arriba...

Todos los pilotos que manejan un auto de Fórmula Uno son, además de muy talentosos, muy valientes; de hecho, aquellos que brillan en el Karting también lo son y así, hacia arriba, en todas las categorías del Automovilismo Deportivo.

En la Máxima Categoría habrá diferencias en cuestión de la habilidad para sacar el mayor jugo posible a los autos con la puesta a punto, el resultado según las prestaciones del mismo auto y el trabajo del equipo, pero por los estilos y ciertas características de los pilotos, los hay por supuesto, unos más buenos que otros.

Hay, pues, basado en lo que siempre he escuchado decir a los mecánicos, esos héroes anónimos que está más cerca de sus pilotos que nadie, que hay quien camina sobre agua o le saca agua a las piedras. Walks on Water, contestan cuando alguien se acerca y les pregunta que tan bueno es su piloto.

El domingo pasado se corrió el Gran Premio de Bélgica sobre el fabuloso e intimidante circuito de Spa-Francorchamps y como siempre, fuimos afortunados de ver a estos modernos caballeros andantes, enfrentar los caprichos del clima mientras conquistaban cada metro de la mítica pista que serpentea por esa parte del mundo, los bellos bosques de las Ardennes.

Pero también somos afortunados de que aún con la proliferación de circuitos técnicos y callejeros sobre los cuales un auto de Fórmula Uno parece un Guepardo tratando de correr dentro de una jaula, todavía sobrevivan pistas que pueden hacer la diferencia y permiten brillar intensamente a los mejores pilotos aunque estos no tengan el auto con las mejores prestaciones.

Spa-Francorchamps es una de estas y para nuestro orgullo, un circuito que vio ganar a nuestro Pedro Rodríguez en 1970, cuando tenía poco más de 14 kilómetros de longitud y era uno de los más peligrosos que hayan existido. Solamente el Infierno Verde -el Nurburgring- muy cerca de ahí con sus más de 22 kilómetros de recorrido, podría considerarse igual de peligroso.

Para un piloto, un reto atrayente que conquistar le recompensa con las descargas más fuertes de adrenalina que su cuerpo pueda segregar.

Recortado y de regreso en 1983 con poco menos de 7 kilómetros, básicamente la mitad de su recorrido, Spa mantuvo sus características y curvas que sólo los escogidos pueden conquistar: el impresionante complejo Eau Rouge-Radillon, Pouhon y Blanchimont, una curva en la que ni siquiera se piensa como lugar en el que un auto deje la pista a la velocidad que la negocia. Hay otros tres circuitos que están dentro de la categoría de Spa, Silverstone, en Inglaterra, Monza en Italia y Suzuka en Japón.

Todos ellos junto con Spa, favoritos entre los pilotos.

Silverstone ha sido modificado significativamente y aunque mantiene su “personalidad” ha perdido Woodcote, una curva que solía tomarse a gran velocidad y que también separaba a los fuera de serie de los muy buenos.

Pero conserva el complejo de Becketts y tanto Copse como Stowe, curvas que también sigue haciendo la diferencia. Los pilotos aman Silverstone y ganar ahí es sueño de muchos. También se pueden conformar con brillar, porque siempre se corre bajo la mirada de quizá los aficionados más conocedores del mundo.

Hay muchos pilotos mexicanos que han brillado en ese circuito.

Monza es la Catedral del Automovilismo, mítica pista sobre la cual han pagado el último tributo muchos pilotos considerados entre los mejores.

Aparentemente simple, las velocidades que se alcanzan hacen que los autos tengan que ser perfectamente controlados en curvas como la primera Lesmo y principalmente en la Parabolica, curva de radio creciente sobre cuyo recorrido los autos van aumentando la velocidad espectacularmente.

Y que importante es que esto suceda, porque la Parabolica precede a la famosa Rettifilo, o recta principal, en la que se necesita salir a la mayor velocidad posible para también llegar a la mayor velocidad tope al final de su recorrido.

Monza, con su recta trasera que lleva a la Chicana Ascari, tuvo alguna vez un óvalo que convirtió a héroes en semidioses. Finalmente tenemos Suzuka, otro circuito favorito de los pilotos en el cual, para hacer una vuelta verdaderamente rápida, se tiene que contar con auto perfectamente balanceado.

Además de que un piloto tiene que hacer acopio de todo su repertorio para negociar Suzuka, el circuito japonés tiene la curva 130R, que tomada a más de 300 kilómetros por hora requiere no solo de un buen auto con una buena puesta a punto, sino un piloto total y absolutamente comprometido que confía tanto en él como en su montura.

Marcelo Sabattini decía que la Fórmula Uno es el crisol de la competencia entres eres humanos, la cima de la actividad humana, no solamente en cuestión del riesgo que la envuelve, también en la habilidad de un hombre para medir su real valía en una forma que pocas actividades, o disciplinas, se lo permiten.

Estos circuitos son los que separan a los niños de los hombres.

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