Las aventureras del Dakar

Son un puñado de mujeres picadas por el virus de la aventura que se lanzan al desierto africano en busca del premio de llegar al Lago Rosa en una caravana dominada por los hombres, pero en la que...
 Son un puñado de mujeres picadas por el virus de la aventura que se lanzan al desierto africano en busca del premio de llegar al Lago Rosa en una caravana dominada por los hombres, pero en la que se han hecho un hueco.

MEDIOTIEMPO | Agencias12 de Enero de 2007

  • Las mujeres ya no son pioneras en el rally

Son un puñado de mujeres picadas por el virus de la aventura que se lanzan al desierto africano en busca del premio de llegar al Lago Rosa en una caravana dominada por los hombres, pero en la que se han hecho un hueco.

Ya no son pioneras, porque el Dakar les acoge desde hace años, pero siguen la estela de una mujer que abrió el camino, la alemana Jutta Kleinschmidt, que en 2001 se convirtió en la primera en ganar la prueba, algo que ninguna otra ha repetido.

Jutta, un rostro del Dakar, se sobrepone como pocos a las inclemencias de la carrera, que este año le han obligado a extinguir un incendio en su BMW, a reparar varias averías y a reponerse de diversos accidentes, lo que la ha colocado lejos de los primeros en la general.

A sus 50 años y con 18 rallys a sus espaldas, sus datos quedarán grabados para siempre en la historia del Dakar, en el que fue la primera en ganar una etapa (1997), la primera en subir al podio (1999) y la primera en ganar (2001).

Kleinschmidt ha creado escuela y tras su senda avanzan un puñado de osadas, como la española Amparo Ausina, que a sus 39 años afronta su tercer Dakar con la intención de llegar por segunda vez al Lago Rosa.

Esta vez la valenciana participa sin su pareja, a quien ha estado ligada su presencia en el rally. En 2005, en su debut en el rally, su novio tuvo que cumplir la promesa de casarse en Dakar si Ausina terminaba el rally.

Al año siguiente, un accidente de su ya esposo le impidió alcanzar la meta, porque decidió acompañarle hasta un hospital de Canarias.

Las hazañas de sus predecesoras las mira con envidia la francesa Anne Charlotte Tilliette, la benjamina de la caravana, una joven rubia y menuda que escudriña con sus ojos azules cada detalle, siempre resguardada bajo el ala protectora de su padre, que es su mecánico, el culpable de su afición desmesurada por las motos y quien le introdujo el virus de esta carrera que descubre por primera vez.

Más ambiciosa aparece su compatriota Isabelle Patissier, inscrita en la categoría de coches y que, en su segunda participación, aspira a entrar entre los 20 primeros en Dakar.

O Ludovine Puy, que, en su tercera participación, espera convertirse en la mujer más rápida de la carrera, tras dos años en los que conoció múltiples desgracias pero que en uno de ellos (2005) logró llegar a Dakar.

De entre las mujeres los nombres que más suenan son los de la alemana Patricia Watson-Miller, la mejor del año pasado y que vuelve con la intención de revalidar el título, con permiso de la holandesa Marjan Pol Gesina, que fue segunda pese a que descubría un rally, una sorprendente capacidad de adaptación que le coloca entre las favoritas de la edición.

O la "Princesa del Desierto", nombre que se ha ganado la sueca Annie Seel, que en 2002 logró completar todo el recorrido pese a que desde la cuarta etapa corrió con una mano rota, lo que le provocó enormes dolores pero no le desvió de su sueño de llegar a la capital de Senegal.

Dakar es una ciudad que tiene una resonancia particular para Syndiely Wade, hija del Presidente senegalés y que trata de completar, en coche, su cuarto rally, en esta ocasión a los mandos de un Nissan Patrol en el que ya corrió Henri Pescarolo.

Un capítulo aparte merece la portuguesa Elisabete Jacinto, quien tras haber completado varios rallys en motos y coches se ha lanzado ahora a la aventura de hacerlo en camión, algo que ya ha intentado en cuatro ocasiones con una única llegada al Lago Rosa.

[EFE][foto: EFE]

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