Ser madre es mi medalla de platino: Nadia Comaneci

Si para la humanidad fue determinante el descubrimiento de la penicilina o la llegada del hombre a la Luna, para el deporte la aportación de Nadia Comaneci a su desarrollo ha significado un antes...
 Si para la humanidad fue determinante el descubrimiento de la penicilina o la llegada del hombre a la Luna, para el deporte la aportación de Nadia Comaneci a su desarrollo ha significado un antes y un después. A sus 45 años, 30 después de alcanzar la glor

MEDIOTIEMPO | Agencias30 de Enero de 2007

  • Directora de una escuela de gimnastas

Si para la humanidad fue determinante el descubrimiento de la penicilina o la llegada del hombre a la Luna, para el deporte la aportación de Nadia Comaneci a su desarrollo ha significado un antes y un después. A sus 45 años, 30 después de alcanzar la gloria olímpica al convertirse en la primera gimnasta en lograr un 10 en unos Juegos Olímpicos, "la novia de Montreal" es una feliz madre de Dylan, su hijo nacido hace siete meses, con el que vive en Norman, en el estado de Oklahoma, como explica en su fugaz visita a Barcelona donde ha recibido un premio como la Mejor Deportista Internacional del Siglo XX.

Durante su visita a Barcelona, Nadia Comaneci reconoce que su mayor orgullo es que 30 años después de su gran actuación en los Juegos Olímpicos de Montreal (1976) la gente aún se acuerde de ella.

Elegida por los lectores de un diario deportivo español como la Mejor Deportista Internacional del Siglo XX, la rumana hoy nacionalizada estadounidense explica que "ha sido una verdadera sorpresa para mí que me elijan como la mejor en un periodo tan largo como 100 años, en el que han existido muchos deportistas que quizás han sido mejores que yo, especialmente porque tenía apenas 23 años cuando me retiré del deporte de alta competición, pero no voy a negar que me siento muy, muy satisfecha".

Comaneci fue la Campeona Olímpica más joven de la historia. En Montreal 1976 logró tres medallas de oro, una de plata y una de bronce y siete puntuaciones de 10 en sus actuaciones. En Moscú 1980 sumaría dos de oro y dos de plata y cuando se disponía a participar en Los Angeles 1984 los países socialistas abandonaron los Juegos por boicot a los Estados Unidos. Fue el final de su carrera deportiva.

En Noviembre de 1989, con 28 años, abandonó su país, en una huida auténticamente de película, después de andar seis días bajo la nieve hasta llegar a la frontera de Hungría y pedir asilo político en la embajada de Estados Unidos en Viena.

DIRECTORA DE UNA ESCUELA DE GIMNASTAS

En 1996 volvió a Rumania, ya con un régimen democrático, para casarse con el Bicampeón Olímpico de gimnasia estadounidense Bart Conner.

"Ahora vivo en Norman (Oklahoma) y con mi marido dirigimos una escuela gimnástica en la que tenemos 1000 estudiantes y 45 entrenadores. Mi marido y yo les trasmitimos nuestras experiencias y esperamos tener pronto un gran campeón", dice.

"Yo ahora apenas me puedo entrenar. Mi trabajo es viajar por todo el mundo para realizar promociones para diversas firmas deportivas e instituciones deportivas; soy como una embajadora de buena voluntad", comenta.

Sobre el momento actual de la gimnasia femenina indica que "está en un momento de expansión porque los grandes dominadores de los últimos años como Rusia, China, Rumania, incluso Estados Unidos, se ven sorprendidos por la llegada de nuevos países con un alto nivel".

Cuando se le pregunta si Rumania, su país, puede descubrir a una nueva Nadia Comaneci, es muy rotunda en su respuesta: "La están buscando desde hace tiempo. Tenemos gimnastas de altísimo nivel y lo demostraron en los últimos Juegos Olímpicos. Además, están realizando un gran trabajo de la mano de uno de los mejores entrenadores que existen y que yo conozco bien como es Octavian Belu, entrenador del equipo nacional femenino desde 1981".

Comaneci es actualmente Vicepresidenta del Consejo de Dirección de Specials Olímpics, Presidenta de honor de la Federación Rumana de Gimnasia, Embajadora de Deportes de Rumania y miembro de la Fundación de la Federación Internacional de Gimnasia. Condecorada por dos veces con la Orden Olímpica, también trabaja en numerosas organizaciones benéficas.

Nunca ha olvidado sus orígenes. "Crecí en la Rumania comunista, pero me enorgullezco de decir que nuestro país es ahora democrático y está prosperando desde la revolución en 1989".

Uno de su actos benéficos de más relevancia es la construcción del hospital, una institución médico-social para niños pobres y huérfanos que lleva su nombre en Bucarest. Un proyecto al que ha dedicado los últimos tres años, en el que se han invertido más de un millón de euros y que piensa inaugurar este mismo año.

Pero su mayor orgullo es su hijo Dylan Paul, nacido en Junio del año pasado cuando ella tenía 44 años. El bebé se llama Dylan en honor al cantante Bob Dylan y Paul en honor al ex entrenador, socio de su marido y padrino del niño, Paul Ziert. A Nadia le brillan los ojos de una manera especial al hablar de su bebé y comenta: "Las medallas son muy importantes en la carrera de un deportista; lo máximo a que aspira. Como mujer el ser madre es algo mucho más importante e incomparable; se podría decir que ésa es mi medalla de platino".

[EFE][foto: EFE]

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