A 45 años de su muerte, Ricardo sigue tan vivo como Pedro Infante

Tan fresco en la memoria como otros mexicanos célebres fallecidos trágicamente, el piloto Ricardo Rodríguez cumple este jueves 1 de Noviembre 45 años de muerto, en aquel ya lejano 1962 en los...
Tan fresco en la memoria como otros mexicanos célebres fallecidos trágicamente, el piloto Ricardo Rodríguez cumple este jueves 1 de Noviembre 45 años de muerto, en aquel ya lejano 1962 en los entrenamientos del Gran Premio de México.
 Tan fresco en la memoria como otros mexicanos célebres fallecidos trágicamente, el piloto Ricardo Rodríguez cumple este jueves 1 de Noviembre 45 años de muerto, en aquel ya lejano 1962 en los entrenamientos del Gran Premio de México.

MEDIOTIEMPO | Agencias31 de Octubre de 2007

  • Nació el 14 de Febrero de 1942

Tan fresco en la memoria como otros mexicanos célebres fallecidos trágicamente, el piloto Ricardo Rodríguez cumple este jueves 1 de Noviembre 45 años de muerto, en aquel ya lejano 1962 en los entrenamientos del Gran Premio de México.

Así como Pedro Infante, Salvador Sánchez y su propio hermano Pedro, Ricardo, como reza la frase, aún vive en el corazón de los mexicanos. Pese a que su muerte se ve distante en el tiempo, la desgracia sigue causando dolor, lamentaciones y polémica.

Como un accidente automovilístico común, la muerte de Ricardo pudo evitarse. Aquella tarde del jueves 1 de Noviembre de 1962, el menor de los Rodríguez ya se había vestido para asistir a un coctel de bienvenida, pero, terco como todos los ganadores, volvió a subir al auto para encontrarse con su fatal destino en el Autódromo de la Magdalena Mixhuca.

Nacido el 14 de Febrero de 1942 -el Día de San Valentín-, Ricardo se encontró con la muerte irónicamente en la víspera del Día de los Fieles Difuntos, a los 20 años, cuando su carrera apenas empezaba a despuntar y tenía grandes planes para pelear el campeonato en 1963 con Ferrari.

Pero aquella tarde de jueves, el destino le jugó rudo. Ferrari no quiso asistir al Gran Premio de México, no puntuable para el campeonato mundial, y Ricardo logró el permiso para correr un Lotus 24 con motor Clímax de Rob Walker.

Versiones casi legendarias de dominio público cuentan que Ricardo había marcado el mejor tiempo en las prácticas, al registrar 2:04 minutos al circuito de cinco kilómetros del Hermanos Rodríguez, hasta que el británico John Surtees, también en un Lotus, lo supera por dos décimas poco antes de las cuatro de la tarde.

De acuerdo con el libro "Los Hermanos Rodríguez", de Carlos Jalife, Ricardo ya se había vestido con ropa de calle, pues su controvertida pareja Sara -famosa por sus innumerables aventurillas sentimentales- le recuerda que a las siete de la noche es el coctel de bienvenida que Romullo O`Farrill ha preparado para los participantes.

Algunos cuentan que su padre, don Pedro, le pidió que volviera a subirse al auto, otros que los mecánicos querían probar cambios al monoplaza y, unos más, que el propio Ricardo quería poner a Surtees en su lugar, porque también estaba en la mira de Ferrari y quería demostrar que nadie conocía la pista de la Magdalena Mixhuca como él.

"Lo pruebo (el auto) una vuelta y vengo), no me tardo", le dice a Sara. Se cambia y regresa a la pista. Da una vuelta, y hace señas al equipo de que todo está a la perfección. La siguiente vuelta no la termina. El sonido local, a cargo de Jorge Moctezuma y Rodolfo Sánchez Noya, anuncia que Ricardo está ganando velocidad, hasta que un golpe seco apaga su entusiasmo.

El auto marcado con el número uno se ha ensartado en la contención de la curva peraltada, y el cuerpo de Ricardo, con más daños que el propio auto, está prácticamente partido en dos, sólo unido por la piel, tras salir disparado por el violento impacto a 180 kilómetros por hora.

Su hermano Pedro, dos años mayor, es uno de los primeros en llegar. Impotente y en shock, teme lo peor. Sabe que Ricardo, el "Güero", está muerto pero desearía estar equivocado. Fuera de sí, llora y arremete contra los fotógrafos, pero no hay nada que hacer: Ricardo ha muerto a las 17:08 horas del jueves 2 de Noviembre.

Minutos después, la noticia se riega como pólvora. Todo un pueblo, incrédulo e inconsolable, está de luto. El campeón se ha ido y no volverá. El Presidente Adolfo López Mateos encabeza las exequias.

"Conmoción por la trágica muerte de Ricardo Rodríguez", titula El Universal. "Adiós", le dice La Prensa.

Las causas del percance nunca quedan claras. Rob Walker, el dueño del equipo, nunca asume la responsabilidad, pero los neumáticos marcados en el asfalto lo delata: un viraje violento, repentino y fuera de control, típico de una pieza rota como años después le pasaría a Ayrton Senna, truncaron la carrera de Ricardo.

Años después, cuando México seguía de luto, el otro Rodríguez repetiría la historia trágica.

[ntx]

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