César Ramírez, de ';Tiburoncito'; a promesa del tenis mexicano

Diario era la misma escena: el "Tiburoncito" César Ramírez llorando entre las cortinas, asomado en la ventana, porque su padre lo había dejado en casa y no lo había llevado a jugar tenis.
Diario era la misma escena: el "Tiburoncito" César Ramírez llorando entre las cortinas, asomado en la ventana, porque su padre lo había dejado en casa y no lo había llevado a jugar tenis.
 Diario era la misma escena: el "Tiburoncito" César Ramírez llorando entre las cortinas, asomado en la ventana, porque su padre lo había dejado en casa y no lo había llevado a jugar tenis.  (Foto: Notimex)

MEDIOTIEMPO | Agencias23 de Julio de 2008

  • "La decisión de dedicarse a un deporte debe ser personal"

Diario era la misma escena: el "Tiburoncito" César Ramírez llorando entre las cortinas, asomado en la ventana, porque su padre lo había dejado en casa y no lo había llevado a jugar tenis.

La advertencia de César Ramírez padre, una noche antes, era muy clara: "Yo tengo que estar a las siete de la mañana, si tú no estás listo 10 ó 15 minutos antes, pues te vas a quedar".

Y como nadie lo despertaba, el "Tiburoncito", como le decían de niño, hacía su pequeño drama porque nadie lo despertaba y sólo veía a su padre alejarse de casa en la camioneta.

Conmovida, su madre, doña Sofía Rodríguez, no tenía más remedio que tomar su auto y llevar al pequeño César a donde el padre trabajaba como instructor de tenis.

Pese a los dramas y a ser tenista de toda la vida, don César siempre fue implacable: ni despertaba al "Tiburón", ni lo incitaba a jugar tenis.

"Yo no lo despertaba, lo recuerdo muy bien, a veces se levantaba tarde y se quedaba llorando en la casa", cuenta el original "Tiburón", apodo que recibió cuando estudiaba en la secundaria por su forma directa de ser y hablar y no por su afición a los Tiburones Rojos, y después lo heredó a su hijo desde muy chico.

Para don César era muy importante que la pasión del "Tiburón" por el tenis saliera por sí sola, desde que muy chico, a los cinco años, diera sus primeros raquetazos en Durango, donde trabajaba su padre, hasta los siete, de regreso en Veracruz.

"Uno como entrenador se da cuenta que lo más importante es que la persona realmente desee el deporte, para mí qué bueno que fue tenista, pero lo más bonito es que de él salía levantarse", recuerda.

"La decisión de dedicarse a un deporte debe ser personal, no debe ser un sueño del padre, del tío o del abuelo, fue de él. Yo no gano por él, ni juego por él, sólo le doy las armas para que sea mejor", dice don César, su entrenador de toda la vida.

En verdad, César Ramírez hijo nació para ser tenista, ya lo traía en la sangre, porque jugó futbol, béisbol, basquetbol y "escogió su deporte que fue el tenis, lo que más le agradó".

Esa pasión por el tenis es la que más le ha facilitado el trabajo a uno como coach y otro como jugador, para llegar a los primeros cinco sitios del mundo en el ranking juvenil de la ITF.

"Yo no tengo que ser muy exigente cuando él entrena, es muy ordenado, muy disciplinado, tiene carácter fuerte como toda la familia y eso lo ha sacado adelante".

La convicción de ser tenista siempre ha ido de la mano con la de ser ganador.

"En Durango estaba muy chiquito, iba como diversión, y en Veracruz ya lo hizo más formal. Me acuerdo que tenía clases de grupo, los ponía a correr, no le gustaba perder y como su mejor virtud no es la velocidad, no era el que llegaba primero a la meta y lloraba, pero le hacía entender que gracias a la competencia uno es mejor".

Ahora ya como un hombre, pese a sus escasos 18 años de edad, el entrenador ve a su hijo como una persona que sabe lo que quiere y que está consciente el precio que tiene que pagar para dar el salto definitivo hacia el profesionalismo, como privarse de amistades, novias, salidas nocturnas y platillos veracruzanos en exceso.

Los sacrificios, dice don César, valdrán la pena. "El "Tiburón", como toda la familia, es muy religioso y está convencido de que va a estar entre los primeros 50 del mundo, no tiene duda de eso, lo tiene claro y tiene claro qué es lo que tiene que hacer".

Las altas expectativas que tiene el tenis mexicano, carente de un jugador entre los primeros 200 de la ATP, sobre César Ramírez no será presión extra para él, señala su padre.

"No genera presión, está consciente de eso, lo que tiene el "Tiburón" es un imán muy grande".

Y si sólo está el "Tiburón" en el horizonte del deporte blanco mexicano es porque "ha habido muy malos federativos, no ha habido un proceso, tenemos 30 años jugando en la altura. Hay más jugadores en Veracruz como Santiago González, Carlos Palencia y Luis Manuel Flores, porque la mayoría se da a nivel del mar".

"Tenemos que combinar, ya le dijimos a la federación que tiene que haber un cambio; un 50 por ciento de torneos debe jugarse en la altura y el otro a nivel del mar, sería muy diferente", señala.

[ntx][foto: Mexsport][r/geca]

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