Un domingo en Tiananmen lleno de chinos provincianos que toman Beijing

En domingo los chinos no desaprovechan la oportunidad para salir a pasear, y esta vez el motivo es doble porque no sólo es día de descanso para disfrutar con la familia, sino que los Juegos...
En domingo los chinos no desaprovechan la oportunidad para salir a pasear, y esta vez el motivo es doble porque no sólo es día de descanso para disfrutar con la familia, sino que los Juegos Olímpicos están Beijing.
 En domingo los chinos no desaprovechan la oportunidad para salir a pasear, y esta vez el motivo es doble porque no sólo es día de descanso para disfrutar con la familia, sino que los Juegos Olímpicos están Beijing.  (Foto: Notimex)
(Notimex) -

MEDIOTIEMPO | Agencias18 de Agosto del 2008

  • Hay muchos turistas

En domingo los chinos no desaprovechan la oportunidad para salir a pasear, y esta vez el motivo es doble porque no sólo es día de descanso para disfrutar con la familia, sino que los Juegos Olímpicos están Beijing.

Y como es doble el motivo para salir, también es doble, quizá más, el número de gente que toma las calles de la capital olímpica.

"Vas a darte cuenta que estás en China cuando veas mucha gente", explicó Michael, un Profesor de inglés que vive en Beijing desde hace algunos años y que sirve de guía preventivo en el avión de llegada a la ciudad.

En efecto, hay mucha gente por todos lados celebrando el domingo. Muchos son capitalinos, muy pocos extranjeros y la inmensa mayoría son turistas que vienen de otras provincias, atraídos por la magia de los Juegos Olímpicos.

Toman muchas fotos, se suben aquí, se meten allá, compran acá, sonríen, miran con curiosidad a los extranjeros, se asombran con la enorme Plaza de Tiananmen y su vecina majestuosa Ciudad Prohibida y, sobre todo, hacen intransitable la zona.

Ni siquiera las calles aledañas a la Alameda Central de la Ciudad de México, que cuenta con una población muy similar a la de Pekín, por arriba de los 15 millones de personas, se muestra tan atestada los domingos, cuando también miles de migrantes salen a dar un paseo.

Y es que, en domingo olímpico, Beijing tiene que albergar a una masa inconmensurable que amenaza con desbordarla. Quizá sólo uno de cada 50 es extranjero, tal vez sólo cinco de ellos son pekineses y muy seguramente el resto es la gigantesca China la que se apoderó de la capital.

A diferencia de los capitalinos, no hablan una palabra de inglés, así que caminan y se divierten entre ellos, pero no logran interactuar con la familia olímpica que si acaso sabe decir "ni hao" (hola).

En las calles aledañas a Tiananmen, cerrada el domingo por la celebración del maratón femenil, los miles de turistas chinos pueden tomar un descanso y saciar el hambre en los muchos sitios populares que hay en la zona, a cambio de unos cuantos yuanes.

En una estrecha calle que desemboca en Tiananmen, una tienda de abarrotes, idénticas a las que hay en México, venden refrigerios para los bolsillos limitados. Cervezas, refrescos y sopas instantáneas que los clientes disfrutan en sentados en plena calle.

Junto, una cocina económica sirve platillos más en forma, para presupuestos un poco más amplios. Las más de 10 mesas del local están abarrotadas, exigen unos caldos extraños que tanto gustan a los chinos, y una mesera sonriente -en minifalda como cualquiera del mundo- apenas puede servir a tantas bocas hambrientas.

Y a unos cuantos pasos, hay algo que más o menos podría llamarse "restaurante". La fachada está decorada con el típico color rojo chino, y adentro hay sillas y mesas más en forma.

Pero los comensales están igual de hambrientos. La familia entera, desde los abuelos hasta los bebés en brazos, comparte el contenido de una olla que se pone en el centro de la mesa.

A diferencia de la cocina económica, ahí sí hay baño, pero apesta tanto que las palabras son incapaces de describir el olor. La peste se mete violentamente en la nariz y amenaza con no salir jamás.

Los hombres son afortunados porque hay un mingitorio que puede ser usado rápidamente, pero las mujeres, en el mismo cuarto, deben dar unos pasos más al fondo para usar el hoyo que hay en el suelo. En ambos casos, hay que terminar lo más rápido posible para salir con vida.

Aunque no lo era minutos antes, la sucia callejuela parece segura. De entrada lucía amenazadora. Un colchón viejo en la calle, la parte trasera de un edificio de pequeños departamentos, un niño orinando en un bote lleno de basura no conforman un escenario atractivo, pero sólo es un alto en el camino para seguir disfrutando de la capital olímpica.

[ntx][foto: Mexsport][r/osra]

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