Lodo para Tiger, oro para el canadiense Weir

Las secuelas de los aguaceros marcaron la primera ronda del Abierto estadounidense de golf, con barro por doquier que cerró aparcamientos en el campo de Bethpage (Nueva York) e incomodidades para...
Las secuelas de los aguaceros marcaron la primera ronda del Abierto estadounidense de golf, con barro por doquier que cerró aparcamientos en el campo de Bethpage (Nueva York) e incomodidades para Tiger Woods.
 Las secuelas de los aguaceros marcaron la primera ronda del Abierto estadounidense de golf, con barro por doquier que cerró aparcamientos en el campo de Bethpage (Nueva York) e incomodidades para Tiger Woods.
Nueva York, Estados Unidos (Reuters) -
  • Se quejó en los cuatro últimos hoyos (doble 'bogey', par y dos 'bogeys') de no poder controlar bien la bola por los pegotes de barro

Las secuelas de los aguaceros marcaron la primera ronda del Abierto estadounidense de golf, con barro por doquier que cerró aparcamientos en el campo de Bethpage (Nueva York) e incomodidades para Tiger Woods, el favorito, que anotó cuatro golpes más del par del campo (74). Tiger, al finalizar su primera vuelta, se quejó en los cuatro últimos hoyos (doble 'bogey', par y dos 'bogeys') de no poder controlar bien la bola por los pegotes de barro en los hoyuelos de la bola. Es la secuencia lógica de la lluvia torrencial sobre una pradera. Aun revisando el manual de la lógica, dominar una bola de golf con lodo pegado es tan difícil como meter un penalti con un balón de rugby. Así estropeó Tiger su estreno. Por culpa del barrizal. Aunque gracias al agua los 'greens' de Bethpage fueron tan blandos que afloraron los buenos resultados. El golfista que mejor entendió ese mensaje húmedo, esas secuelas reconvertidas en lodo, fue el canadiense Mike Weir. El zurdo que ya sabe lo que es ganar un 'Grande' (Masters de Augusta, 2003), terminó con 64 golpes (6 abajo), a uno de igualar la vuelta más baja de la historia del Open estadounidense, anotada por Johny Miller (63 golpes) en 1973, y a pesar de cometer un doble "bogey" en su antepenúltimo hoyo. Weir, que es un 'pegador' medio, acertó al meter en su bolsa maderas de calle y varios híbridos para los segundos golpes. La longitud, enorme, de este recorrido neoyorquino obliga a buscar los "greens" con hierros largos o, como Weir, con híbridos. El resultado fue magistral, rozando la antología. Weir apenas sudó con el "putt", pues sus golpes aterrizaban en vuelo horizontal, propio de híbridos, a escasos metros de bandera. El líder, Weir, caminaba ágil por las calles, saltando como una rana sobre ese lodo pegajoso que destrozó la paciencia de Tiger, el mejor del mundo que ocupa el puesto 78. La jornada resultó también magnífica para el sueco Peter Hanson, la mejor referencia para un torneo sin triunfos europeos desde el año 1970 (Tony Jacklin), y deparó, igualmente, la resurrección de David Duval. Duval fue número uno del mundo (casi cinco meses en 1999), la réplica blanca, entonces, a Tiger y hoy el número 882 del escalafón. Pese a un evidente sobrepeso, Duval sacó de la bolsa muchos de aquellos golpes que le encumbraron hace ya una década. Fue otra secuela positiva de las lluvias. Hanson es segundo, a dos golpes del líder, y Duval, tercero, a tres, junto a su compatriota Todd Hamilton. Phil Mickelson también tuvo un buen arranque (69 golpes) y Sergio García acabó con buenas sensaciones. El español es decimocuarto y al par del campo, a seis golpes de la cabeza. Lo mejor de García es que en la primera vuelta en Bethpage regresó, en cuanto a la calidad de su juego, al estadio anterior a su segundo puesto mundial: excelente de 'tee' a 'green'. Dubitativo con el 'putt'. El resto de la actuación de los españoles no fue brillante. Álvaro Quirós hizo 73 golpes (puesto 58); Fernández-Castaño, 75 golpes (puesto 99), y Lara y Jiménez igualados, con +7, en el puesto número 124.

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